Sobre abandonos, desmoralización y desamparos

Lo que ofrece el sistema de salud ante los abortos en segundo trimestre de gestación

La operación de abandono se manifiesta -en ocasiones- haciendo dudar y asustando a quienes necesitan una respuesta ante el embarazo que no desean continuar. Pretenden así interferir en esa decisión y en ese mismo acto, vulneran derechos como el derecho a recibir información confiable prevista en resoluciones del Ministerio de Salud de la Nación referidas a las Consejerías en Salud Sexual y Reproductiva.

“Yo fui, le mostré los test. Le dije que me explicara, y le dije: -No lo quiero tener. No quiero traerlo al mundo. No sé vos, pero tal vez alguien pueda darme una receta de unas pastillas, yo sé que hay unas pastillas que puedo tomar para abortar. Entonces ahí me dijo: -No, nena. Yo no te voy a dar una receta para que vos te mueras. Y yo ahí pensé: ¿en qué me estoy metiendo? ¿Qué estoy haciendo?” (A-12, 18 años, entre 14 y 15 semanas de gestación).

“Fuimos a un solo médico que fue el que me dijo de cuántas semanas estaba. Me dijo que no, no tenía solución y que tenía que ir comprando los pañales” (A-2, 18 años, 23 semanas de gestación).

“Entonces la doctora agarró y me quedó mirando así con una cara como diciendo nena qué es lo que vas a hacer [se ríe] Y después agarré y, ah, se empezó a reír, y después me dijo que no, que eso no se podía hacer; es más, yo había ido con mi cuaderno y en un cuaderno tenía todo anotado y como para que no se me olviden las preguntas que yo quería hacerle a la doctora las había anotado a todas en ese cuaderno para ir y hacerle. Lo único que me dice es que además de no ayudarme, me metió como más miedo por decirlo así, entonces ya sabés que estás embarazada, si te lo vas a hacer vos podés ir presa y esas cosas ¿no? Como que te va enchufando, uno que no sabe bien de lo que es o sea, es como que me trató de meter más miedo de lo que vos vas a hacer. ¿Viste?” (B-1, 24 años, 18 semanas de gestación).

Por otra parte, el momento de la ecografía, clave para las mujeres en la medida en que ayuda a confirmar o re-confirmar, según el caso, el embarazo y el tiempo de gestación, aparece en general asociado a situaciones de malos tratos. Se advierten actos de vulneración de derechos, en la medida en que no se les brinda a las mujeres información completa acerca de las decisiones que pueden tomar en instancias previas a la realización de la práctica por parte del personal de salud y tampoco respecto a los cursos de acción disponibles ante una gestación no deseada.

En otras palabras, se desconoce y/o no se atiende la posibilidad de la participación activa de las mujeres en la definición del marco general de esa práctica ecográfica, por ejemplo no aparece ninguna pregunta asociada a la decisión de ver o no ver el monitor, de querer escuchar o no sonidos; como tampoco una intervención con pretensiones de abrir un espacio de diálogo acerca de la no continuidad de ese embarazo. Cuidados e interrogantes que al no tener lugar, desoyen las indicaciones de buenos tratos indicadas por la OMS y advertidos por las mujeres:

“Antes de hacerme la ecografía, yo ya sabía que no, que no lo iba a tener, me hago la ecografía; a todo esto, cuando me voy a hacer la ecografía, como era tan grande el bebé, ya sabía el sexo y todo, era varón, tenía fecha para el 11 de abril. (…) Y ni siquiera me preguntó: ¿querés saber el sexo? No. Mira es un varón, estás de tanto” (A-14, 24 años, 16 semanas de gestación).

“Entré a hacerme la ecografía, tenía mucho miedo, porque fui sola. Y cuando lo vi no, no, no, me sentía mal. Fue una situación muy fea, no fue un momento de alegría. [Refiriéndose al ecografista] Ellos tienen la idea de que se quiere ver, a mí no me preguntaron nada y bueno como estaba ahí lo vi” (A-6, 21 años, 14 semanas de gestación).

“(…) ahí me hizo otra ecografía que no quise mirar tampoco, sí me había puesto el monitor, yo como que traté de no mirar, dice que estaba vivo, que estaba bien, estaba dado vuelta, todo como posicionado pero estaba bien: -Tenés la bolsa medio baja, pero está bien. Y ahí entró a cagarla, -¿Y tomaste algo?- y a mi mamá: -¿Tomó algo?- Pero mal, siempre mal, nunca (…) Nunca en el sentido de decirte bueno tomaste algo, si tomaste algo decime que para que te ayude, decime qué. Mal, siempre así como retándote digamos” (A-10, 35 años, 22 semanas de gestación).

“¡Claro! vi una imagen, una imagen que se veía, se veía. No, se veía perfecto, se veía el corazón y yo ¡qué me importa! -digo- que no me podés decir… o sea yo no entendía nada igual, yo dije: -¡Noo cómo voy a estar embarazada! ¡No, no puede ser, no puede ser! ¡Es imposible! -¡No! vas a ser mamá y estás de dieciocho semanas. -¡Dieciocho semanas! ¿Cómo dieciocho semanas? -Sí estás de dieciocho semanas. –Tomá, ¿querés verlo? -No, no quiero verlo pero (…) -Bueno, me dice, hay un montón de chicas que obviamente no lo aceptan porque tienen una vida muy ocupada o esto que el otro, tienen proyectos ¡pero ya está! no podés hacer nada, tenés que tomártelo de la mejor manera porque ya el bebé está grandecito. Salí del hospital llorando como una loca, no sabía ni para dónde caminar, si quedarme ahí, si tirarme debajo del puente, no sabía qué hacer. Qué hago, me tiro debajo del camión, porque yo no podía hacer nada ya para evitar ese embarazo” (A-8, 29 años, 22 semanas de gestación).

Categorías: Uncategorized

0 comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *