“¿Me vas a pegar ahora que sabes que estoy embarazada?”
Sobre la decisión de abortar en el segundo trimestre.

De las 23 entrevistadas, 19 comentaron haber sido víctimas de distintas formas de violencia machista, ya sea psicológica, física o sexual. Algunas de ellas mencionaron específicamente que la noticia del embarazo generó situaciones de violencia de parte de sus parejas o profundizó las actitudes agresivas hacia ellas (A-2, A-4, A-6, A-10, A-12). Una de las entrevistadas cuenta que su embarazo fue producto de una relación abusiva que incluyó violaciones reiteradas y un intento de asesinato (A-8). La lectura de las entrevistas en su conjunto nos orienta a afirmar que las situaciones de violencia que sufren las mujeres gestantes tienden a disminuir su capacidad para confirmar tempranamente los embarazos y para tomar decisiones rápidas y firmes sobre su no continuidad.
Es el caso de A-4 –citado en último término en el apartado anterior–, donde ella toma la decisión de interrumpir el embarazo tempranamente y contacta a las socorristas de Neuquén, pero luego vacila y retrasa la decisión porque su novio quiere reconciliarse con ella:
“(…) y estaba de 7, 8 semanas; dije ya está y me junté con las chicas [socorristas]. En ese momento estaba muy segura de hacerlo, estaba peleada con él. Volvió, me volvió a endulzar, se me alinearon los planetas, volvió a caer en lo mismo, que él iba a estar conmigo, me convenció de que sí, voy a estar con vos (…) estuvimos no sé si un mes y de vuelta la pelea y ya desde ahí, ya. Siempre por lo mismo [se refiere a episodios repetidos de violencia] (…) A las 18 [semanas] tomé la decisión” (A-4, 22 años, 18 semanas de gestación).
A-4 es vulnerable a los vaivenes y a la manipulación de su pareja violenta, y esa situación ocasiona que se demore en decidir terminar con el embarazo. Otras mujeres, también sometidas a trato violento por parte de sus parejas, refieren situaciones de gran confusión cuando ellos pretenden imponer un aborto al enterarse del embarazo:
“Yo pensaba en hacerlo, pero también pensaba en mí, en mi salud, en cómo voy a salir de eso, y él no, tenés que abortar, tenés que abortar”. (A-12, 18 años, entre 14 y 15 semanas de gestación).
“Empecé a recibir muchos mensajes, a recibir mucha violencia psicológica de parte de él: ese guacho no va a nacer, te lo voy a sacar por la boca hija de puta y cosas así” (A-6, 21 años, 14 semanas de gestación).
Cuando la voluntad del otro quiere imponerse y pretende arrastrar a la de ellas, tomar una decisión propia puede convertirse en una tarea muy difícil. En otros casos ellas buscan la compañía y comprensión de su pareja en el momento apremiante de la decisión y lo que reciben es culpabilización, indolencia y más violencia. Algo así le sucede a A-10, quien en otra parte de la entrevista dice haberse quedado “paralizada” ante el test positivo de embarazo porque “sabía” que su pareja “no lo iba a tomar bien”:
“(…) yo me largué a llorar y le dije: ¿Qué, qué… me vas a pegar ahora que sabes que estoy embarazada? […] [Él contesta] bueno a mí no me importa lo que a vos te pase [acentúa el vos] porque yo estoy mal. Entonces a mí no me importa dice si tenés que irte a hacer un análisis o algo, problema tuyo porque yo estoy mal. Y yo me sentía re-mal y encima me sentía sola, lo sentía como que estaba en otra cosa, había empezado a salir casi todos los días con los amigos esos que tiene y volvía al otro día a las diez de la mañana y cosas así, no le podías decir nada porque se calentaba y empezaba a putear, no, no, un desastre”(A-10, 35 años, 22 semanas de gestación).
Atravesando muchas dudas y maltrato, la salida de la situación para A-10 es terminar con toda la situación que la tenía padeciendo de una sola vez:
“(…) después ya agarró las cosas y se fue (…) y eso fue lo que me terminó así de confirmar toda la decisión (…) ahí dije: ¡No, basta, ya tengo que terminar con todo esto! ¿Me entendés? Ya no quería nada de toda esa relación, ni el embarazo, ni estar con él, ni nada” (A-10, 35 años, 22 semanas de gestación).
Para algunas de las entrevistadas, las dificultades que encuentran para salir del vínculo violento están estrechamente relacionadas con la demora en la decisión del aborto. En ambos casos se trata de establecer un corte que no es sencillo para ellas.
A-8 es una mujer que vive en El Bolsón y trabaja como empleada en una pizzería. En su entrevista narra con detalles las idas y vueltas de la relación de violencia extrema en el contexto de la cual ella queda embarazada. Las amenazas, el maltrato verbal, las violaciones reiteradas y las agresiones físicas graves formaban parte de un paisaje cotidiano en cual ella se sentía atrapada. Luego de un episodio donde él intenta asesinarla, A-8 busca apoyos, realiza una denuncia penal, consigue una orden de alejamiento para él y logra terminar con la relación. Pasados varios meses en los cuales ella siente el alivio de haber logrado “sacárselo de encima”, comienza a sentir dolores abdominales que la hacen acudir a un servicio de salud. Para su absoluta sorpresa, allí confirma un embarazo de 18 semanas:
“(…) nunca ¡jamás! relacioné que toda esta situación de las… de una de las tantas veces que él [-Mmj-]… abusó de mí, yo podría quedar embarazada” (A-8, 29 años, 22 semanas de gestación).
Con la incredulidad todavía a flor de piel, ella rápidamente decide que no continuará con el embarazo. En el centro médico donde se atiende le dicen que debe resignarse y tener un/a hijo/a en lugar de brindarle acceso expeditivo a un aborto legal. Finalmente, A-8 logra contactar a las socorristas de su pueblo y ellas articulan toda una red de cuidado que hace posible el aborto. El servicio de Socorro Rosa responde a la firme voluntad y a los poderosos argumentos de ella:
“(…) el cuerpo es mío -decía yo- y yo no puedo… eso surgió a través de una violación ¿qué clase de embarazo es?” (A-8, 29 años, 22 semanas de gestación).
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