Cómo actúa la medicación en el cuerpo de las mujeres

Otro aspecto crucial al momento de acompañar un aborto, de concretarlo e incluso de socializar con otros y otras la experiencia de abortar con mifepristona y misoprostol en segundo trimestre, que va de la mano del cuidado de la salud de las mujeres, está dado por el porcentaje de efectividad de la medicación. Interesa, por tanto en este apartado, indagar en los grupos focales y en las entrevistas, acerca de los sentidos que tanto socorristas como socorridas le otorgan y los aprendizajes asociados:
“(…) la seguridad está asociado a lo que hemos ido aprendiendo de la medicación también (…)” (GD 2).
En la práctica socorrista el tipo de medicamentos a la mano para acompañar la interrupción de un embarazo y el registro (escrito, pero básicamente del orden de prestar especial atención) acerca de lo que les va pasando a las mujeres con el uso de esa medicación, constituyen aprendizajes altamente específicos y experienciales, que se van transmitiendo de unas a otras y también transmitiendo a las mujeres que abortan. Como ha ocurrido por siglos, unas aprenden de otras, en este caso cómo actúa la medicación en el cuerpo de las mujeres. Una socorrista dice:
“(…) estamos muy aceleradas, aprendiendo te diría como que estamos haciendo ciencia en algún sentido (…)” (GD 2).
En el hacer socorrista, donde lo primordial es que las mujeres lleven adelante su decisión de abortar sin que corra riesgo su salud, aprender cada día más de la medicación, produce seguridad y tranquilidad, sentimientos que se expresan en los encuentros con las mujeres, en la elección de las palabras, tonos de voz, convicción en las respuestas.
Uno de los aprendizajes más recientes que fueron elaborando las socorristas, es la diferente calidad de los abortos que produce el método combinado de medicación, es decir el uso de mifepristona y misoprostol. En los grupos focales realizados, se relevaron dos aprendizajes significativos, sobre los que se sigue reflexionando para producir mayor evidencia empírica, esto es: la expulsión completa, incluida la placenta y sobre el umbral del dolor. En este sentido, recogemos expresiones del tipo:
“(…) del misoprostol y la diferencia con el mife de que ahora sale como más entero, el umbral del dolor para mí también ha variado (…) siento que es intensivo el momento específico previo a la expulsión” (GD 2).
“(…) y a mí me atraviesa, me sigue atravesando mucho el dolor que ellas sienten, el dolor físico (…)” (GD 1).
“(…) lo que registramos en algunos casos es más dolor, como algunas cuestiones más físicas (…)” (GD 1).
“(…) abortos completos, la expulsión de una bolsa con todo adentro (…) eso facilita muchísimo la relación nuestra con los equipos de salud (…)” (GD 2).
“Nosotras hemos estado probando el uso del medicamento mife y nos ha resultado que las treinta y seis horas, o sea más alejado de las veinticuatro y más cerca de las treinta y seis, es el tiempo ideal de empezar a usar el misoprostol. Y que la vía bucal es la mejor porque causa menos dolor y porque causa menos malestar. Y la verdad que bueno, estamos registrando. Es todo aprendizaje” (GD 2).
La relación entre socorrista y socorrida está mediada por la medicación y un conjunto de informaciones asociadas a ella. No es lo único que configura esa relación, pero es un aspecto muy importante y específico. En este estudio, no se ahondó particularmente en descripciones detalladas y precisas sobre los síntomas de la medicación. Sin embargo, parte de las significaciones de las mujeres que abortaron, ligadas a volver a usar este procedimiento acompañadas por socorristas, se asocia a la efectividad de la medicación y a la seguridad que proporciona. De alguna manera, se completa el objetivo de las socorristas, en la medida que las socorristas utilizan esas palabras y también las socorridas utilizan las palabras “efectividad” y “seguridad”, pero ahora, vivenciadas en sus propios cuerpos:
“Porque es efectivo, hoy en día no sabés, si confiás en un médico o no, también está eso, la seguridad de uno, la salud de uno. Por eso… porque es efectivo y por la seguridad, por la seguridad (…)” (A-1, 27 años, 18 semanas de gestación).
“(…) usaría las pastillas. No usaría otra cosa. Aparte, con el mismo doctor que me dijo que estaba embarazada y eso, él hace. Y es como re clandestino, o sea, lo hace ahí en el consultorio y te manda a la casa. Así que no. O sea, lo haría con las pastillas” (A-2, 18 años, 23 semanas de gestación).
Aparecen en las entrevistas con las mujeres dos condiciones o condicionamientos para la efectividad de la medicación: una que se utilice de acuerdo a los protocolos que las socorristas transmiten y la segunda, la posibilidad de que en algunos cuerpos, no tenga los efectos esperados, en los tiempos esperados:
“Pero el error fue mío porque no tomé todas las pastillas, tomé 8 nada más” (A-1, 27 años, 18 semanas de gestación).
“(…) ya me estaba frustrando la idea porque era el segundo intento y bue: ¡qué mierda pasa con estas pastillas que no funcionan conmigo! pensaba yo” (C-2, 26 años, 23 semanas de gestación).
“(…) yo las tendría que haber usado a las pastillas lo más antes posible… de hecho, las usé, pero no me hicieron efecto (…)” [Refiere al primer intento de abortar que tuvo un protocolo diferente al de Socorristas en Red] (B-1, 24 años, 18 semanas de gestación).
Las socorristas, esa especie de lazo que une el deseo de abortar con cuidados respetuosos para la vida y la salud de las abortantes, no escatiman reflexiones críticas acerca otro aspecto de la medicación, como es la comprensión sobre el dolor físico que suele acontecer. En particular, una de las activistas lo explica de este modo:
“(…) y a mí me atraviesa, me sigue atravesando mucho el dolor que ellas sienten, el dolor físico me llamó la atención porque… no sé, si me pongo en su lugar yo no sé si querría vivirlo (…)” (GD1).
“(…) hay situaciones que nosotras no podemos resolverles a las mujeres, por ejemplo, yo les decía lo del dolor, que a veces hasta a mí también me duele, el tema del dolor no se lo podemos resolver” (GD1).
Sobre la medicación hay mucho para seguir escuchando, pensando, registrando y aprendiendo. Es un desafío y una pasión que nos conecta con las genealogías:
Durante siglos las mujeres fueron médicas sin título; excluidas de los libros y la ciencia oficial, aprendían unas de otras y se transmitían sus experiencias entre vecinas o de madre a hija. La gente de pueblo las llamaba “mujeres sabias”, aunque para las autoridades eran brujas charlatanas. La medicina forma parte de nuestra herencia de mujeres, pertenece a nuestra historia, es nuestro legado ancestral (Ehrenreich B. y English D., 1973/2014:16)[1].
Notas:
[1] Ehrenreich, Bárbara y English, Deidre (1973/2014). Brujas, Parteras y Enfermeras. Una historia de sanadoras femeninas. Barcelona: Editorial La Sal (adaptada para América Latina en 2006 por Metcalfe&Devenport, Chile).
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