El segundo momento: los encuentros grupales cara a cara
Cómo conciben las mujeres (socorridas) el dispositivo socorrista
“Nos tocó, aunque parezca tonto es una cosa tan importante”.
La politización del aborto que se promueve desde las feministas socorristas adquiere encarnadura en la experiencia de las entrevistadas. Los encuentros resultan eventos que promueven correr al aborto de los estigmas y las culpabilizaciones, sin juzgar la decisión acontece la práctica del aborto como cuestión social y colectiva (en especial cuando pueden hacerse grupales), encuentros donde suele producirse mucha empatía:
“Creo que al ser con tantas mujeres te da la facilidad de abrirte más, y también de escuchar que no sos la única que tomas decisiones y que también hay personas que también las toman y por distintos motivos” (A-9, 31 años, 14 semanas de gestación).
“Me pasó algo muy raro con la chica que estaba […] ella tenía 15 años y uno empieza a conocer otras historias de vida ¿no? Escuché toda la charla que se dio, escuché lo que la señora que la acompañaba planteaba, la escuché a ella también y a vos. Eran historias diferentes pero siempre se llegaba a lo mismo. Me quedé tranquila porque digo no soy la única que está viviendo esto; hay muchas chicas que andan en lo mismo” (A-6, 21 años, 14 semanas de gestación).
En el corpus, dos mujeres (A-7 y A-16) dan cuenta de la presencia del miedo, el cual parece ser un organizador de muchas de las cuestiones que rodean a la decisión de abortar. Dos mujeres que si bien ya habían hecho contacto telefónico, muestran las marañas del miedo sobre las que se edifica la clandestinidad:
“Me sentí asustada. No sé por qué estaba así asustada. (…) igual cuando me dijeron el día, la hora, de venir acá, venía temblando. Venía con miedo, no sé, qué se yo. Porque no me imaginaba solamente una reunión, yo me imaginaba otra cosa. Un consultorio y médicas. O sea, que como estaba acá, en la zona céntrica. (…) Antes de llegar acá, encontré el lugar y digo: -¿Paso o no paso? ¿Paso o no paso?” (A-7, 26 años, 16 semanas de gestación).
“Primero sentía miedo, sentía miedo porque pensé que me ibas a decir ¿ahora a las 20 semanas se te ocurre hacer? como diciendo ¿por qué no lo hiciste antes? ¿Por qué ahora? O sea, pensé más que nada en eso. Iba re decidida pero tenía miedo a la vez, tenía miedo lo que me fueran a decir, tenía miedo a eso” (A-16, 32 años, 23 semanas de gestación).
Es posible suponer que el modelo socorrista de acompañamiento es también un intento por contestar empíricamente al aparato discursivo del poder médico sobre los cuerpos que necesitan abortar en segundo trimestre, al aparato jurídico que criminaliza la práctica, al aparato religioso que condena y también a aquel aparato de las luchas por la legalidad que producen normativas para permitir abortos por decisión de la mujer y/o personas trans hasta la semana doce o catorce de embarazo, dejando fuera de la legalidad a quienes cursan embarazos avanzados.
Las socorristas son también pasadoras de información. Información configurada a partir de estudios rigurosos y de saberes prácticos organizados, que cuida la salud de quienes abortan, que contrarresta las prácticas inseguras de la clandestinidad, información de calidad, clara, precisa, abarcadora, probada, corporizada –a su vez- en la experiencia de otras a las que ya se acompañó. Información que pone en circulación saberes asentados en cierta experticia feminista:
“Sí recuerdo bien lo que fue el encuentro. Nos organizamos, ella se encontraba también con otra chica que le había consultado por lo mismo -digamos- […] me sentí muy cómoda y fui lista, fui más preparada con mis dudas. Y me sentí cómoda con la situación en el sentido que esta vez era yo la que iba a hablar. […] Fui preguntando todo lo que dudaba y mi compañero también. Y fue como, bueno, ¡no soy la única boluda! (risas), no soy la única a la que le suceden estas cosas y te da un poco más de confianza también. Había preguntas que hacía la otra chica que yo decía: ¡Ah mirá! esto se me iba a pasar de largo, también por ese lado estuvo bueno…” (C-2, 26 años, 23 semanas de gestación).
“Me quedó bien claro, sí, me quedó todo clarísimo, me dieron un folleto con las diferentes maneras de hacerlo, los síntomas que iba a tener, qué es lo que tenía que hacer en caso de, sí re completo, re completo y me fui segura; […] La reunión sí estuvo genial, me parece buenísimo que hagan eso y que, porque si no capaz que yo igual lo hubiera hecho y capaz que lo hubiera hecho mal, capaz que me metía en un quilombo, capaz que me terminaba muriendo por estar desinformada o por tener una mala información” (A-14, 24 años, 16 semanas de gestación).
“Por eso estaba, me acuerdo que muy nerviosa y ansiosa a la vez para que llegue ese momento -no es cierto-. Cuando me citaron a la plaza Sáenz Peña, tal día a tal hora, me pareció muy muy raro, porque yo decía: ¿Pero cómo? Si son personas profesionales cómo (…) la verdad que me sentí muy bien, no me sentí juzgada ni presionada en ningún ámbito en ningún momento, sentí que podía contestar lo justo y necesario (…) y bueno, y eso, muy calma la vi. Esperando -no es cierto- una respuesta positiva para mí, que ellas para mí eran como mi salvación” (D-1, 24 años, 17 semanas de gestación).
“Me junté yo sola [fue en una plaza] y ahí me explicaron lo de las pastillas, cómo se tomaban, el horario, a qué hora se toman las pastillas igual yo estuve hablando bastante con V. [nombra a una socorrista] antes, a ver si yo estaba segura y todo eso, le conté toda la historia. Sí ahí bueno las chicas después me contaron que el primer caso de tantas semanas que ellas tenían, entonces habían estado buscando información por todas las otras chicas que también había en la Red y bueno ahí les habían dicho que en otras partes, había otras chicas como yo y entonces me dijeron que sí, que se podía me explicaron el efecto de cada pastilla, hice todo, todo bien. Aliviada me parece, sentí un alivio grande, sí” (A-10, 35 años, 22 semanas de gestación).
“Hicimos como un grupo de estudio que fue durante cuatro meses en los cuales no sólo nos capacitamos en todo lo que era el procedimiento en sí, sino también nos hicimos este tipo de preguntas. Bueno, pero hasta cuántas semanas, y le acompañamos en el hospital sí o no. Entonces cuando arrancamos con la consejería nosotras ya teníamos decididas esas cosas. (…) Teníamos el debate de más semanas sí, más semanas no, el tamaño, el sistema nervioso capaz de sentir dolor y ese tipo de cosas. Entonces, leímos un montón, buscamos textos, compartimos, debatimos” (GD 2).
Las feministas socorristas hacen referencia a los encuentros grupales como “eventos de resistencia” (2014); resistencias que se alzan en contraposición con la carga discursiva de la maternidad forzosa producida por distintos discursos sociales. Las mujeres entrevistadas explicitan en sus narrativas que los encuentros les permitieron construir más seguridad y que reafirmaron la decisión que habían tomado, en este sentido puede ligarse a la idea de eventos de resistencia:
“Más segura, yo salí más segura, y más segura con mi decisión y más segura con lo que iba a hacer también, porque fue como que dije no, o sea, como que tenía mucha garantía, esto te funciona y si no te funciona esto hay algo más, no es que no te funciona esto y nos lavamos las manos y nunca más. Era como que llámennos. Yo creo que salí más segura de lo que iba, a mí por lo menos me ayudó [se ríe]” (A-15, 26 años, entre 14 y 15 semanas de gestación).
“Me sentía un poco más alivianada y como que ellas me habían dado una seguridad casi al cien por ciento (…) La seguridad que ellas nos dieron fue tanta que dijimos, bueno: una más. Ya había tomado tantas pastillas que una más (…)” (A-12, 18 años, entre 14 y 15 semanas de gestación).
“Yo estaba re decidida. No me sentía mal, nada. Estaba feliz porque estaba como relajada, como que iba a poder encontrar una solución a lo que me estaba pasando. Porque realmente, yo decía: me muero. O sea, no le encontraba otra salida. Re bien. Hablé con I. [refiere a la socorrista]. Me hicieron sentir re bien, re segura” (A-13, 23 años, 21 semanas de gestación).
“No me juzgó, nada a mí. Estuvo. Que es lo que yo necesitaba alguien que apareció así, me la mandó dios, no sé. Me la mandó dios en ese momento [risas]” (C-3, 37 años, 20 semanas de gestación).
Algunas de las mujeres entrevistadas indican que las prácticas de cuidado socorristas incluyen traer calma y alivio. Feministas que arman empatías y contenciones, activistas sentipensantes que colaboran poniendo el cuerpo afectado en el tránsito de acompañar abortos de segundo trimestre de gestación, vibraciones y sensaciones corporizadas:
“Y a pesar que es chiquitito [el lugar del encuentro], es como quien diría, acogedor; porque las personas que están ahí adentro te saben tratar, te saben (…) o sea, hablar así, de una forma de que uno va a buscar una solución y saben contenerte y también (…) o sea tienen un lindo acompañamiento” (A-9, 31 años, 14 semanas de gestación).
“Me junté yo sola y ahí me explicaron (…), igual yo estuve hablando bastante con una socorrista antes, a ver si yo estaba segura y todo eso, le conté toda la historia. (…) las chicas después me contaron que el primer caso de tantas semanas que ellas tenían, entonces habían estado buscando información por todas las otras chicas que también había en la Red y bueno ahí les habían dicho que en otras partes, había otras chicas como yo y entonces me dijeron que sí, que se podía me explicaron el efecto de cada pastilla, hice todo, todo bien. Aliviada me parece, sentí un alivio grande, sí” (A-10, 35 años, 22 semanas de gestación).
“No, sí, me sentía bien. (…) Y anímicamente, obviamente al no desearlo, estaba aliviada. Estaba muy aliviada. O sea, fue el momento que dije bueno realmente creo que se podía hacer, ahí en ese momento realmente creí. Hasta ese momento yo estaba segura que iba a ser mamá otra vez. Hasta ese momento no fue que me llegó la paz. Fue tranquilidad (…)” (C-1, 41 años, 16 semanas de gestación).
“[N]os tocó, aunque parezca tonto (…)” esboza C-1 y en ese mismo instante ensaya una imagen: el intento de las socorristas de decir lo que el lenguaje no puede pronunciar con palabras. Tocar como acto mínimo. Tocar para conmover y conmoverse, tocar para juntar y juntarse, tocar para rebelarse contra ciertas indiferencias:
“Nos calmó. La otra chica también estaba en una situación parecida a la mía, también con una decisión bien tomada y bien pensada. (…) Bueno, y ella nos informó, nos contuvo, nos tocó, aunque parezca tonto es una cosa tan importante. Por lo menos a mí me tranquilizó mucho” (C-1, 41 años, 16 semanas de gestación).
En las conversaciones entre activistas socorristas, reverbera ese plus que traen aparejados los encuentros cara a cara (y a los que muchas veces no se los puede extraer del sentido de “turno médico” hasta que acontece):
“(…) muchas chicas que vienen, primer o segundo trimestre, tienen la información, pero quieren algo más, como ese ponerle cara, ponerle también cierto sentimiento, porque la información está pero eso, muchas ya vienen: sí, sí, ya se todo pero bueno, lo quería venir a conversar” (GD 1).
“(…) ves a la mujer que está sorprendida a veces de que está pudiendo hablar sin problema de esa situación, y abre los ojos como diciendo “no lo puedo creer”, y se van contentas de haber podido hablar sin problemas de lo que le está pasando” (GD 1).
“Y empieza a hablar y cuando una está escuchando por ahí y nombra lo que la mujer no está pudiendo nombrar. Le habilitás la palabra esa que no está pudiendo decir. Que a lo mejor es la palabra abortar, que a lo mejor es la palabra feto, que a lo mejor es alguna palabra que no está pudiendo nombrar. Y en eso vos la mirás y le decís el feto, aborto, querés abortar. Le habilitás esa palabra y se le cambia la cara. Esa sensación de que se le cambia la cara “ay, lo puedo decir y está bien”. (…) Esa sensación de que en esta intranquilidad lo que me habilita es ese poder hablar, ese poder sentir que estoy acompañada cuando eso que necesito nombrar está habilitado en este espacio” (GD 2).
No obstante, interesa remarcar que estar dispuestas a brindar información y acompañar sin ocultar los riesgos que pudieran acontecer, implica devolverles el protagonismo de la decisión, de la práctica que realizarán y la confianza en que van a poder, sostenidas en la experiencia de otras que han podido, así lo refieren en una especie de vaivén acompasado tanto socorridas como socorristas:
“Puede decirte lo que podés hacer y los riesgos que podés correr. Porque en ningún momento [refiere a la socorrista], ¡nunca me dijo una cosa por otra! Siempre me dijo: mirá, vas a sentir dolores, tu embarazo es grande, es avanzado, son otros los riesgos. Entonces, nunca ignoré nada de eso. Que no es lo mismo que ir con otra persona que no sabe, está… o que vos lo hacés por tu propia cuenta” (C-3, 37 años, 20 semanas de gestación).
“(…) yo considero que no hacemos consejería, lo que hacemos es socorrismo, y va mucho más allá de un intercambio de información, ella aporta la experiencia digamos, es la protagonista, nosotros brindamos información de acuerdo, como vos decías, una estructura que se sigue” (GD 1).
Apartarse del guión de la maternidad forzosa, unida a la premisa de permitir plena autonomía en la decisión de las mujeres sobre el destino de sus embarazos, hace posible también que las mujeres socorridas no sean revestidas bajo un manto de victimización piadosa, ni infantilizadas. Varios son los registros testimoniales que dan cuenta de este interés de las activistas feministas:
“Nosotras a las mujeres, a todas las que quieren abortar en segundo trimestre, les tenemos que dar toda la información porque ellas sí se van a hacer cargo de lo que van a ver. Y sí les decimos: va a ser así, va a tener esta forma, vas a tener la placenta, vas a tener que hacer fuerza. Les explicamos que busquen un baldecito. Pongan la bolsa negra y con cinta peguen la bolsa al balde para que no se les mueva porque a lo mejor tengan que estar mucho tiempo sentadas en el balde, y que la bolsa no se mueva para que, para tener que ver, pero para que no tengan que tocar después para meterlo de vuelta. Todo eso se lo decimos así: porque si se te mueve la bolsa vas a tener que tocarlo al feto para meterlo adentro y no está bueno por ahí. O sea les decimos todo esto así, feto, sangre, placenta” (GD 2).
“Porque si uno las cobija tanto a las mujeres, después se desdibuja el límite de quién soy yo como socorrista que acompaña y si soy una amiga, si soy su psicóloga, si soy si madre si es una menor de edad. O sea, también es importante eso para no caer en esta cosa paternalista, para no caer en esta cosa de subestimarla a la mujer. Estás con una situación grave, pero la podés resolver, tenés las herramientas para resolverla. Empezá a hacerte cargo de resolverla ¿no? Tirarle un poco la pelota de vuelta a su cancha y no desesperarse una en ese querer (…)” (GD 2).
Disputar y desafiar imaginarios sobre el aborto ligado exclusivamente al saber médico aparece como otro de los sentidos puestos en tensión. ¿Quiénes tendrían la potestad de practicar abortos? ¿Quiénes tienen los conocimientos necesarios para acompañar abortos en segundo trimestre? ¿Cómo se entrelaza la decisión de abortar y la búsqueda por concretarla? ¿Qué relaciones de poder se ponen en juego? ¿Qué incertidumbres propician las propias socorristas al salirse de los cánones médicos? Veamos cómo lo expresan algunas de las entrevistadas:
“(…) yo me esperaba algo más formal, no sé, en alguna clínica, con gente… tipo doctores, médicos -viste- más estricto, más (…) Por eso estaba, me acuerdo que muy nerviosa y ansiosa a la vez para que llegue ese momento -no es cierto-. Cuando me citaron a la plaza Sáenz Peña, tal día a tal hora, me pareció muy muy raro, porque yo decía: ¿Pero cómo? Si son personas profesionales” (D-1, 24 años, 17 semanas de gestación).
“En realidad me imaginé que eran médicos. Fue lo primero que se me pasó. Que tenían un consultorio privado. Así que, después cuando llegué acá y vi un montón de señoras ahí sentadas. Y cuando dijo la chica: todas vienen por lo mismo. ¡Bueno, no soy la única! (…) Venía temblando. Venía con miedo, no sé, que se yo. Porque no me imaginaba solamente una reunión, yo me imaginaba otra cosa. Un consultorio y médicas. (…) Antes de llegar acá, encontré el lugar y digo: -¿Paso o no paso? ¿Paso o no paso?” (A-7, 26 años, 16 semanas de gestación).
“Lo de implicarse con el caso, no quiere decir hacerme amiga de la mujer, ni necesariamente conmoverme ni quererle solucionar un montón de cosas, sino esto de que es una situación y que una se implica en esa situación habilitando estas cosas, permitiendo estas cosas y conteniendo eso quizás no desde lo personal, pero sí desde esta práctica política que es el socorrismo y que genera esto. (…) Que la otra es una igual que no me va a juzgar (…) No queremos saber cuáles son las razones. La escuchamos, porque las necesitan decir algunas, pero cualquiera es válida (…) Tiene mucho que ver con esto de invertir lo que pasa socialmente. Las mujeres muchas veces vienen como de una cadena de no, no, no, negación de ILE, no podés, que los médicos las asusten, que el marido le diga que sos una asesina, entonces de golpe se encuentra con podés, no es tremendo, no es complicado, te tenemos que explicar bien cómo funciona y lo vamos a hacer juntas y te vamos a acompañar. Entonces de golpe es como que hay un alivio, hay como una sorpresa, ¿no?” (GD 2).
Diremos que también hay espacio para la singularidad y puesta en marcha de lo que las socorristas han dado en llamar una ingeniería mujeril situada y particular. Es que la insistencia del aborto podría traducirse en cierta mecanización y ritualización universalizante y burocrática del espacio socorrista. En los siguientes extractos del corpus obtenido, se da cuenta que también hay espacio para considerar lo particular de cada socorrida, su contexto, sus redes de acompañamiento, sus posibilidades:
“Sentí que pude preguntar todo lo que necesitaba, que hubo una atención especial para mi caso en particular, que no fue: bueno esto se hace así y así y ya está (…)” (C-2, 26 años, 23 semanas de gestación).
“Yo estaba re decidida. No me sentía mal, nada. Estaba feliz porque estaba como relajada, como que iba a poder encontrar una solución a lo que me estaba pasando. Porque realmente, yo decía me muero. O sea, no le encontraba otra salida. Re bien. Hablé con I. [nombra a la socorrista]. Me hicieron sentir re bien, re segura” (A-13, 23 años, 21 semanas de gestación).
“Y me fui bien, porque ya dentro de todo me explicó bastante, me sacó varias dudas que tenía y bueno me fui bien. Me fui con cosas positivas. (…) Y ahí ya me sentía con un estado de desesperación [Refiere a la segunda vez que se encuentran, varias semanas después] porque no sabía si todavía me iban a poder ayudar, no sabía bien hasta cuándo. Si bien ella me había explicado y me había dado el folleto con los tiempos, pero yo como que tenía miedo porque ya había pasado bastante tiempo, no eran ya dos meses, iban a ser ya casi cinco. Era mucho tiempo” (D-2, 25 años, 20 semanas de gestación).
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