“Empecé a desesperarme porque ya había pasado mucho tiempo y no quería tener este bebé”

Sobre la decisión de abortar en el segundo trimestre de gestación

Una vez que las mujeres toman la decisión de abortar, se enfrentan con un contexto socio-cultural en el cual el aborto está criminalizado y estigmatizado. Más resistencias aún se encuentran cuando se trata del aborto en el segundo trimestre. Las entrevistas muestran que hay múltiples barreras y obstáculos para las mujeres que buscan acceder a un aborto –especialmente si ya se encuentran cursando esta etapa del embarazo–, lo que hace que la efectuación del procedimiento se retrase aún más.

Específicamente, es posible afirmar que una buena parte de las entrevistadas que ya han confirmado el embarazo y están decididas a interrumpirlo, no acceden rápida y fácilmente a información confiable ni a atención adecuada. Incluso en el caso de las mujeres con mayores recursos económicos, culturales y sociales, las dificultades en el acceso a información y atención son múltiples. No es de extrañar entonces que las mujeres de menores recursos experimenten mayores dificultades aún.

Las situaciones narradas en las entrevistas son apremiantes porque el proceso del embarazo avanza inexorablemente y las protagonistas quieren saber si lo que les está sucediendo “tiene vuelta”, es decir, si se puede revertir y si pueden volver al estado en que estaban antes de embarazarse. Algunas de ellas se enfrentan, concretamente, a la posibilidad de que no haya “en dónde” ni “con quién” hacer el aborto:

“Se me cruzaban veinte mil cosas por la cabeza, porque yo decía bueno si no encuentro en dónde, con quién, que se yo, lo voy a tener que tener y bueno ¿qué hago? Lo tengo, lo doy en adopción, me lo quedo, no sabía, tenía ochocientas mil cosas en la cabeza (…)” (A-10, 35 años, 22 semanas de gestación).

Tratándose de una práctica estigmatizada y criminalizada, la incertidumbre y la desesperación suele dominar segmentos importantes de los relatos. En una buena parte de los casos, las mujeres concurren a instituciones de salud, pero solo a veces encuentran allí a un/a profesional que las orientará a buscar el acompañamiento de las socorristas: En el apartado “Lo que ofrece el sistema de salud ante los abortos en segundo trimestre de gestación” se trabaja sobre este aspecto.

“Fuimos a un solo médico que fue el que me dijo de cuántas semanas estaba. Me dijo que no, no tenía solución y que tenía que ir comprando los pañales” (A-2, 18 años, 23 semanas de gestación).

“¡Ya está! no podés hacer nada, tenés que tomártelo de la mejor manera porque ya el bebé está grandecito” (A-8, 29 años, 22 semanas de gestación).

“Fui al Castro Rendón [refiere al hospital de Neuquén] a ver a la ginecóloga y me dijo que ella no me podía ayudar, que tenía muchos meses ya, que tuviera cuidado, porque podía arriesgar mi vida. Pero, ahí fue cuando ella me las nombró a ustedes [a las socorristas]” (A-7, 26 años, 16 semanas de gestación).

“(…) no sabés adónde ir, no sabés con quién hablar, ¿a quién le preguntas? No le podes preguntar a cualquier médico porque te pueden sacar cagando, te pueden denunciar. Tengo una amiga que es obstetra, que fue la que me hizo el contacto con las chicas [socorristas], pero hasta que llegué a mi amiga ya habían pasado varios días, por lo menos una semana” (A-10, 35 años, 22 semanas de gestación).

El tiempo pasa en el proceso de búsqueda para acceder al aborto hasta que, finalmente, a través de una amiga, de publicaciones callejeras, por internet, o a través de profesionales médicos que las “derivan”, las mujeres se encuentran con las socorristas. Como se puede ver en el segmento anteriormente citado y en el próximo, el tiempo avanza y la “desesperación” crece mientras ellas se dedican a la búsqueda de información y atención, a la persecución de múltiples pistas y a la recuperación de viejos contactos:

“(…) [anteriormente] había hecho un aborto con una médica (…) entonces traté de buscarla (…) hasta que iba, la buscaba, iba al otro día y la buscaba y me fue comiendo el tiempo. Empecé a desesperarme porque ya había pasado mucho tiempo y no quería tener este bebé” (C-1, 41 años, 16 semanas de gestación).

Hemos registrado que dos entrevistadas de la ciudad de Córdoba, buscando acceder a un aborto por fuera del sistema de salud, se encontraron con grupos anti-derechos que se articulan para atemorizar y para persuadir de retroceder en su decisión a las mujeres que desean abortar, actuando también como un factor de dilación:

“(…) encontré en el diario una cosa que decía: si necesitás ayuda, embarazos indeseados, si necesitás ayuda tal número. Y fui, fue el encuentro más loco que tuve en mi vida. (…) me empezaron a hacer una ficha (…) me preguntaron a dónde había sido el otro aborto (…) Pusieron la peli y apenas empezó la música yo ya… yo ya sabía todo. Un video más morboso pero ¡morboso, morboso, morboso!” (C-4, 18 años, 17 semanas de gestación).

“También caí en una red (…) un teléfono que sale publicado en el diario, que está en internet, de una red de no sé, el opus dei será, no sé (…) Salí huyendo (…) Entonces me quedaba la sonda o resignarme y tener un hijo más, que no quería. (…) fui a todas las clínicas, iba a las clínicas, a los consultorios, llamé a todos los consultorios de todos los barrios” (C-1, 41 años, 16 semanas de gestación).

El estigma social, tanto como la falta de información y de servicios de salud dispuestos a atender estos casos hacen que algunas mujeres intenten prácticas poco confiables y/o a las claras inseguras para abortar antes de lograr entrar en contacto con las socorristas. Estas prácticas hacen que la interrupción efectiva y segura del embarazo continúe demorándose:

“Pasaron 14 semanas, ¿por qué? Porque yo empiezo a trabajar en el [mercado] concentrador, entonces al hacer fuerza y todo, yo dije bueno, listo: ¡ssshuki, se va! (hace como un ademán con las dos manos como dibujando una expulsión). Pero no” (A-5, 37 años, 14 semanas y media de gestación).

“(…) los dos primeros meses que me hacía te de orégano bien cargado, porque me habían dicho que el orégano, había leído que el orégano era abortivo, el tilo, la ruda. Tomé de todo. Hasta que un día le digo a mi mamá: mirá para mí no sé si esto va a funcionar” (A-4, 22 años, 18 semanas de gestación).

“Resulta que él [su pareja] después habló con (…) un curandero, y le consultó nuestra situación, de que yo estaba embarazada, estaba de tantas semanas, y que si él podía hacer (…) algún trabajito o algo para poder hacérmelo perder (…) y supuestamente me mandó un par de, de recetas, qué sé yo, que tomara un té de no me acuerdo qué hoja todas las noches (…) yo estaba totalmente esperanzada de que… de que este señor -no es cierto- pudiera hacer su trabajo y… y no, fueron pasando las semanas y no pasó nada” (D-1, 24 años, 17 semanas de gestación).

Otras mujeres encuentran información acerca del aborto con medicamentos por fuera del dispositivo de las Socorristas en Red (SenR) pero — especialmente cuando se trata de mujeres de escasos recursos– se topan con dificultades para hacerse del dinero suficiente para comprar las pastillas y, en ese transcurso, también va “pasando el tiempo”:

“(…) lo que pasa es que se me empezó a complicar con el trabajo y por ahí las pastillas eran un poco caras también y no podía nunca, no llegaba nunca a juntar la plata para poder comprarlas (…) siempre estaba esperando o bueno la otra semana, la otra semana y así se me fue pasando el tiempo” (D-2, 25 años, 20 semanas de gestación).

“(…) pero como yo no tenía trabajo (…) y estaba buscando el medio para agarrar y sacar el dinero para poder comprar las pastillas, porque el tipo me pedía como mil pesos entonces como que no es muy fácil conseguir mil pesos [se ríe tímidamente] y por eso es como que tardé en recaudar el dinero para irla a comprar a la pastilla (…)”(B-1, 24 años, 18 semanas de gestación).

Una vez que acceden a la medicación, algunas de las mujeres no están aún en contacto con las socorristas y no tienen información correcta sobre la posología adecuada por lo que sus intentos son fallidos (A-12, B-1, C-3):

“Las tomé, pero debe ser que todo lo hice mal. Las tomé mal o algo así (…) Bueno, no pasaba nada, después me tomé dos, me tomé casi una caja, casi una caja y no me sirvieron de nada” (C-3, 37 años, 20 semanas de gestación).

En otros casos el tratamiento no funciona por distintas razones y ellas deben repetirlo más de una vez (A-11, C-2).

Como vimos hasta aquí, muchas y muy complejas son las circunstancias que hacen que las mujeres necesiten abortar en el segundo trimestre de embarazo. En cada uno de los relatos la temporalidad tiene un espesor y una densidad que no puede contenerse en el dato objetivo de la cantidad de semanas de embarazo. Aunque ciertamente esa cantidad de semanas hace que el aborto adquiera ciertas características también particulares que serán analizadas más adelante. Formas de urgencia, de incertidumbre, de duda, de negación, de miedo, de violencia se enredan en los relatos con los retrasos impuestos por la falta de información y atención adecuada. Para todas las entrevistadas cierto sosiego llega cuando se encuentran con las socorristas, luego de atravesar más o menos dificultades hasta tomar la decisión y poder dar con ellas. En ese encuentro las mujeres se enteran de que “hay una solución”. Alguien les dice que no es inexorable el proceso de gestación que está teniendo lugar en sus cuerpos y que no necesitan aceptarlo como una condena si no lo desean. La palabra y el afecto clave de este momento es, sin dudas, el “alivio”:

“Iba re contenta y llena de preocupaciones por un lado; pero por otro iba, ya iba re aliviada. Me sentía aliviada de saber que iba a poder tener solución” (A-2, 18 años, 23 semanas de gestación).

“Alivio porque cuando nos juntamos a hablar me dieron el gran alivio de decir que en poco tiempo iba a salir de eso” (A-12, 18 años, entre 14 y 15 semanas de gestación).

“(…) un momento antes de que ellas me dijeran que se podía y todo yo pensé que no se iba a poder, por la cantidad de tiempo y cuando me dijeron que sí se podía, sí, sentí como un alivio por eso” (A-10, 35 años, 22 semanas de gestación).

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