Sugerencias de mujeres para mejorar el sistema de salud

Dos de las socorridas (A-1, A-10), desde su lugar de usuarias del sistema de salud, habiendo transitado críticamente la vulneración de derechos (a su dignidad, a su autonomía), se vuelven propositoras de otros modos para los espacios de salud. En sus reflexiones sobre la vivencia transitada, realizan sugerencias para mejorar las maneras de escuchar, los tonos de voz y las maneras de hablar que tienen efectoras y efectores.

Algunas se vuelven ecos de sugerencias que las propias socorristas han dado en los encuentros cara a cara, y eso –en sí mismo- se vuelve pedagogía colectiva sobre abortos en general y en segundo trimestre en particular.

“Me mostraron imágenes, y fue feo. Me mostraron imágenes. Me dijeron el sexo. Y bueno, eso fue ¡uf! Pero ya estaba decidida. Y quizás preguntar. Que pregunten primero, si quieren saber, si quieren ver, si no quieren. Eso, la pregunta. Y que nosotras tomemos la decisión si queremos ver o no ver. O con los mismos médicos, yo que creo que si yo al médico, cuando expulsé el último aborto le hubiera dicho que quiero ver me hubiera mostrado. Pero que sea nuestra la decisión” (A-1, 27 años, 18 semanas de gestación).

“(…) En el caso de otra mujer que lo pierda naturalmente así –y sí, porque a veces pasa eso- es muy feo como se manejan. Me parece que tendría que haber como una reserva, no hablar todo tan fuerte, no hablar todo tan así. Porque en mi caso yo sabía, igual fue feo, igual quedé medio como impactada, pero en el caso de una mujer que lo pierda natural, que estén hablando delante tuyo como si fuera una cosa que dejaron ahí, no da. Vos estas ahí escuchando todo y viendo todo, como se mueven ellos, […] la verdad que eso a mí no me gustó. Todo hablaron ahí delante mío, que -es un varón-; yo escuché ahí que hablaron y eso para mí fue horrible. […] Después apareció otra doctora más joven, cuando yo estaba en el baño todavía que no me pasaron a la cama, ellas estaban en la habitación y hablaban fuerte, y decían: -No, éstas fueron las blanquitas redondas yo estoy segura, porque no le hacían efecto los remedios” (A-10, 35 años, 22 semanas de gestación).

En este apartado se pretendió trazar un recorrido acerca de algunas de las experiencias de aborto en el segundo trimestre de gestación en íntima relación con el sistema de salud. Hay un campo abierto de prácticas por seguir explorando. Un campo de disputas hacia el propio sistema dado por la presencia de diferentes actoras/es: las mujeres que abortan, las socorristas que acompañan, las y los efectores de salud que dan respuestas y quienes insisten con abandonar y condenar la decisión de abortar.

Es en el terreno de las inestabilidades donde parece abrirse un cúmulo de preguntas cuyas respuestas lejos pueden estar de discursos únicos y tendrían que inscribirse en esa esfinge sobre la que se alza el tratamiento de la sexualidad y, atada a ella, la reproducción y las desigualaciones de género, en la ciencia médica. ¿Cómo los abordajes vinculados a acompañamientos y a tratos dignos inciden en otras y otros profesionales de la salud proclives a hacer “algo” con el tema aborto? ¿En qué medida la atención de situaciones de aborto en segundo trimestre de gestación empuja a quienes se desempañan en el sistema de salud a proyectar la atención de abortos en primer trimestre de gestación desde perspectivas y tratos garantistas de los derechos reproductivos y no reproductivos de quienes abortan? ¿Cuáles y cómo son los lazos que posibilitan desandar estigmas y controversias sobre aborto en segundo trimestre de gestación a partir del uso de medicación para abortar? ¿Qué tipo de alivios produce esto en las prácticas médicas?

Las socorristas muestran desde los inicios del movimiento un interés especial por dialogar con el sistema de salud, en sus inicios quizás por la necesidad de asegurase que todo se resuelve sin riesgos para la vida y la salud de quienes abortan. Argentina muestra un mapa plagado de desigualdades en torno a la atención sanitaria. Las socorridas lo confirman en sus relatos y las socorristas en sus definiciones particulares y contextualizadas. Con el paso de los años y el cúmulo de experticia parecen confirmar que las pastillas para abortar en manos de las mujeres permiten prescindir –en gran medida- del sistema de salud. Lo que no está dicho ni esbozado con precisión aún, es cómo esta constatación hará virar o no las acciones políticas del movimiento socorrista hacia y con el sistema de salud.

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