Derechos y herramientas para acudir al sistema de salud

El hacer socorrista incluye ocuparse fuertemente de la salud de quienes abortan, las activistas asumen sus prácticas como prácticas de salud comunitaria. Así es que insistentemente preparan a las mujeres que necesiten llegar al sistema de salud para que en ese espacio se les respeten sus derechos y de ser posible los exijan ellas o quienes las acompañen. Ponen a disposición una caja de herramientas construida desde la experiencia y los deseos de tránsitos dignos a la hora de acudir al sistema de salud. Por eso, las conversaciones en los encuentros cara a cara incluyen una serie de anticipaciones de lo que puede suceder al llegar a los establecimientos de salud con el proceso de aborto en curso, como se expuso en el apartado sobre lo que ofrece el sistema de salud ante los abortos en segundo trimestre de gestación.

En las entrevistas realizadas, al menos dos de las socorridas (A-10 y A-3) dan cuenta de la preparación previa que hacen junto a las socorristas, para llegar al sistema de salud y saber qué decir ante las y los médicos:

“Medio mala onda el hombre que me tocó [se ríe] al principio me trató así medio mal, y mi amiga me había dado el consejo y las chicas me habían dicho que si vos no querés ver nada, ni querés escuchar sonidos, vos podes decirle que no querés ni ver ni escuchar ni nada” (A-10, 35 años, 22 semanas de gestación).

“(…) Y ahí yo llamo a Tamara [refiere a la ginecóloga], que ella me había dado el número, y fui a verla. Pero eso es lo que me daba un poco de miedo, tener que caer a una guardia, qué decir, pero C. [refiere a la socorrista] también me había dicho que la llame si tenía que ir a la guardia que íbamos a repasar qué decir, según yo quería contarlo o no. Ella me dijo que si lo contaba nadie me podía denunciar, pero que a veces las mujeres no quieren decirlo, que lo íbamos a ver juntas… […]”(A-3, 19 años, 14 semanas de gestación).

Es también en los grupos de discusión donde se muestra claramente cómo las socorristas han pensado, piensan y no dejan de pensar en un conjunto de estrategias disponibles para sortear distintas situaciones ligadas al contexto del aborto en segundo trimestre y que requieren de cierta logística: en qué momento iniciar el procedimiento, cómo manejarse si quienes conviven con la socorrida no están en conocimiento del embarazo, qué hacer si la expulsión no se produce en el espacio proyectado, cómo garantizar el contacto con la socorrista cuando hay dificultades de conectividad, cómo sortear el miedo a ser denunciadas, entre otras.

Estas anticipaciones se han ido y se van construyendo a partir de la experiencia socorrista de acompañar, que toma y retoma estrategias empleadas exitosamente por socorridas y socorristas, al tiempo que descarta otras. Cada una de ellas es sistemáticamente socializada en la red socorrista, a fin de contribuir a un hacer cada vez más cuidado en ambos sentidos, para las socorridas y para las socorristas:

“Vas aprendiendo un montón, pero lo que sucede particularmente para nosotras en los acompañamientos de mujeres del segundo trimestre es que las complicaciones son otras, no necesariamente el proceso de aborto, sino si está acompañada o no, si la persona con la que ella vive sabe que está embarazada, sabe que quiere abortar, porque si no cómo lo disimulamos, si es mejor que lo expulse en el hospital o que lo expulse en la casa, dependiendo de cada situación, esas son más que nada para nosotras las complicaciones” (GD1).

“(…) estrategia, entonces ahora ya acompañó a otro y yo acompañé a otra chica, y también porque eso la cuida, la resguarda a la mujer de todo lo que pueda pasar, no sé, judicialmente, si alguien la quiere denunciar, o qué sé yo, ella llama a la ambulancia porque se siente mal, no sabe qué le pasa en su cuerpo, y la ambulancia llega a socorrerla, y es parte de las estrategias como para cuidarlas a ellas y para cuidar también nosotras a la organización, para poder seguir acompañando a otras mujeres” (GD1).

“(…) Nosotras no las mandamos a las mujeres al hospital porque bueno, la situaciones en el contexto de Tucumán son distintas. (…) Se van a hacer el control por consultorio al día siguiente que es donde hay una médica potable para que lo hagan. Ninguna va [refieren al momento de la expulsión], a pesar de que hubo veces de que intentamos hacer el sketch nunca nos salió. Y después de intentar tres o cuatro veces y que el feto saliera antes, y que todas dijimos ya está nos dejamos de joder porque le tenemos un cagazo bárbaro al hospital en Tucumán (…)”(GD 2).

A veces, la relación con las y los profesionales de la salud se vuelve ida y vuelta mientras la mujer está abortando, tanto que se articula la espera hospitalaria de quien deberá ser internada para culminar el proceso del aborto. Lo demuestra una de las entrevistadas, cuando la socorrista puede avisarle al médico de guardia que llegará al hospital una socorrida:

“Rompo bolsa en mi casa y cerca de las 12 me voy al hospital. Cuando ingresé a la guardia estaba el médico que me pasó el dato con otro médico, no sé cómo pero se ve que ya sabían algo porque ellos me hicieron pasar enseguida y no me hicieron muchas preguntas, se ve que estaban medio al tanto. Ahí les contamos a los médicos, si bien ellos ya sabían me parece a mí, mi mamá les dice: -No, en realidad ella se hizo un aborto con pastillas y el padre no sabe nada. Y ahí fue que los médicos le dijeron a él que me había agarrado una infección, que me tuvieron que internar, en cierto punto ayudarnos a nosotras. Unos re patas los médicos ¿no?”(A-6, 21 años, 14 semanas de gestación).

Las prácticas de cuidados y confianzas no son plenas por parte de todas y todos los profesionales de la salud, es por esto que, aunque las socorridas sabrían qué decir al momento de la llegada al servicio público o privado de salud, prefieren no decirlo. Se dejan visualizar así los miedos y temores que portan algunas mujeres y que las socorristas no logran disuadir en sus encuentros y acompañamientos:

“(…) Hasta que vino el tercer, cuarto día, ya era de noche y vino un médico y me hizo un montón de preguntas. -Mirá, yo sé que te preguntaron un montón de veces, vos podés confiar en mí, me dice, yo no te voy a juzgar, no soy nadie para juzgarte, acá nadie te va a juzgar. -¿Qué me vas a preguntar? -Vos tomaste algo ¿no? -Por qué me joden, me torturan [risas] todo el tiempo con lo mismo. Desde que llegué acá lo único que hicieron ustedes es decirme… todo el tiempo acusarme. -No, no te estamos acusando. -Me están acusando, me están acusando de que yo hice algo, ¿a vos te parece?, yo vine re mal acá, ¿a vos te parece que si hubiera querido abortar voy a venir al médico? ” (A-8, 29 años, 22 semanas de gestación).

“(…) Y bueno, ahí cuando me hicieron la ecografía tenía restos. Y tuve que ir a quirófano. Igual, cuando entré a la guardia me dice un doctor: -Acá contanos la verdad. Y yo como que lo quedé mirando. Igual, no le dije nada a nadie. Miedo en lo que me podían llegar a decir los médicos. De darse cuenta. De que me pasara algo a mí, no” (A-7, 26 años, 16 semanas de gestación).

“Sentía miedo de que, un ejemplo, que si yo iba ahí [al hospital] y justo estaba una doctora que supiera de esto, o que me revisen y fueran y le dijeran a él: No, ella intentó abortar, o sea, ese era mi temor, no sé, una cosa como que le sentía tanto miedo a que eso pasara. Porque yo decía: yo me muero si le llegan a decir que yo intenté abortar, porque me mata. Ése era mi miedo, no que desconfiara de los médicos porque siempre me atendí en hospital, una buena atención, pero no desconfiaba en eso, en el sentido de la atención. Desconfiaba en realidad que por ahí sin querer o que fuera y me atendiera uno y dijera: No, intentó abortar, por eso está así” (A-16, 32 años, 23 semanas de gestación).

Por otro lado, revelan algunas entrevistadas la vivencia de tratos especialmente humanizados. En estos casos, priman prácticas horizontales que ponen en circulación saberes médicos sin desconocer las experiencias corporales vivenciadas en primera persona por quienes están allí abortando. Hay socorridas que al llegar al hospital y recibir la contención, el soporte emocional y la información necesaria, reconocen que se les garantiza no sólo la atención inmediata sino una práctica integral de atención basada en los derechos humanos y en una ética del cuidado que va más allá de lo que esperan del propio servicio de salud:

“Me quedé más tranquila cuando ellos me dijeron: mirá, ¿tomaste algo? ya no podemos hacer nada igual, no podemos hacer nada. Pero nosotros tenemos que saberlo para ayudarte después en el proceso porque te tenés que quedar unos días ¿entendés?, para que vos te mejores” (A-8, 29 años, 22 semanas de gestación).

“Me duele mucho la panza. Me duele un montón, me duele un montón, me está saliendo sangre, le dije. Y me dice: ¿Te pasó algo? No. No. Me duele mucho –digo– dame algo que me duele mucho. A ver, –me dice– te voy a sacar el pantalón. Y se pone el guante y cuando me tacta, me dice: estás en trabajo de parto. [Luego de la expulsión] Y para todo eso me empieza a apretar la panza, como a sacarme todo lo que me quedara qué sé yo, que me dolía un montón, me dice que me quedara tranquila, que me iba a doler un poquito pero tenía que despedir todos esos coágulos porque era para mi bien. O sea, me trató muy bien la doctora, las enfermeras también” (A-16, 32 años, 23 semanas de gestación).

“Le digo: -Mire, sufrí mucho, sufrí mucho. Me duele todo. Me duele todo. Vino una doctora y me dice: -Ya no te va a doler más nada gordita.

Me puso un calmante en la pierna y el doctor muy amoroso se puso el barbijo, gorra, todo y me dice: -Mirá mamá, fue limpio. Fue un aborto con todo. Salió placenta, salió todo, todo limpio. (…) Me dijo que él sabía que yo había pasado por un momento difícil pero que tenía que controlar si había despedido todo, porque si no se me podía producir una infección, que tenían que evitar todo eso” (C-3, 37 años, 20 semanas de gestación).

“(…) Claramente lo primero que hicieron fue separar al bebé de mí, higienizarme, y después vino un médico, la verdad que ese fue el médico de todo el proceso que ¡lo adoré!, fue una persona como con humanidad a la hora de tratarte, viste que los médicos por ahí con tanto estudio pierden un poco que no es un cuerpo nada más lo que tratan. Y ahí ese médico, era de Bolivia, me explicó lo que venía ahora, que era el legrado” (C-2, 26 años, 23 semanas de gestación).

Categorías: Uncategorized

0 comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *