Los límites como organizadores de la experiencia de abortar en segundo trimestre

“Así te lo digo”. Ilustración: Sofía Menoyo

Los límites aparecen como organizadores de la experiencia de abortar en segundo trimestre, porque la implacable decisión de abortar de las mujeres se instala con fuerza, en el imaginario socorrista, con la premisa “(…) una mujer que decide interrumpir su embarazo lo va a hacer, lo va a hacer (…)” (GD 1). Asumir que esto es así: más allá de la cantidad de semanas de gestación, más allá del método, más allá de con quién(es), más allá de su salud, es todo un aprendizaje para las socorristas:

“(…) yo ahora digo que los límites los pone la mujer (…) aprendí eso, lo fui aprendiendo con los acompañamientos (…) lo fui aprendiendo en los debates con las compañeras, en las plenarias socorristas (…)” (GD 1).

Aprendizajes que requieren de tiempos subjetivos desiguales y que remiten a una política de la convivencia donde la afectación tiene lugar, donde el contacto con las mujeres-socorridas no deja de con-mover e interpelar -como veremos- algunos acuerdos. En este sentido, cuando las socorristas se embarcan en acompañar ese derecho a decidir de las mujeres, también lo hacen sabiendo acerca de la incertidumbre que el contacto con esta diversidad de mujeres y situaciones de vida provoca, pero saben además que los aprendizajes se transitan y sostienen entre socorristas, a partir de distintos dispositivos: acompañamientos socorristas, plenarias socorristas, red socorrista.

Las socorristas no son las únicas que orbitan alrededor de la decisión de las mujeres de “lo voy a hacer igual”, también están las y los profesionales de la salud y, en especial, las médicas generalistas y gineco-obstetras. Todas y todos son hacedores de límites ante esta decisión que las/os provoca y por la que se ven instadas/os a entrar en relación. Asimismo, los límites responden a motivaciones diferentes, según sean las socorristas o las/os médicos quienes los activen; también varía el momento, el cómo y los porqués.

Si se focaliza en el ámbito de salud, el tiempo de 12 semanas de gestación parece definir en algunas zonas, el grado y las modalidades de involucramiento por parte de médicas y médicos. En cambio, desde el socorrismo los límites se activan en función de garantizar políticas de cuidado para todas:

  1. Límites que hacen foco en la preocupación por la salud de las mujeres -desde un enfoque que se distancia de las lógicas moralizantes y del parto- y de la grupa de pertenencia y/o red.
  2. Límites que ponen el acento en el vínculo socorristasocorrida y entre socorristas.

Las socorristas aportan una descripción con mucha hondura de ese interjuego de límites que activan tanto el ámbito de salud como ellas, si bien varían los sentidos políticos:

El sistema de salud: “(…) al tener ese límite legal no se comprometen más allá (…)”

En el caso de algunos médicos y médicas con quienes articulan las socorristas, el tiempo de gestación: más menos 12 semanas viene a delimitar en algunas zonas y para algunas socorristas, el espacio del acompañamiento. Cumplidas las 12/13 semanas de gestación, esto es, las mujeres que comienzan a transitar el segundo trimestre, son derivadas al espacio-tiempo socorrista:

“(…) cuando tienen más de doce semanas, trece semanas, se comunican… las derivan a nosotras (…)” (GD 1).

La alusión de la socorrista a ese tope como un “límite legal” viene a disputar sentidos, en tanto pone en cuestión la naturalización de esa práctica en esos lugares, al tiempo que se dificulta dar cuenta en qué se sustentan, si en cuestiones de infraestructura o subjetivas, porque queda claro que en términos de legislación no es posible que tenga asidero.

Es importante aclarar que las investigaciones y guías sobre aborto seguro y en especial sobre aborto seguro con medicamentos producidos por la OMS son referencias obligada y de constante estudio para las socorristas. Asimismo, consideran que deberían serlo para el sistema de salud en su conjunto. Máxime contando en el país con el protocolo de Interrupción Legal del Embarazo (ILE), el cual toma las indicaciones de la OMS en esta materia. En tanto esto no ocurre en la cotidianeidad del sistema de salud como hemos ido señalando, las socorristas habilitan lo que muchas veces en esos espacios se vuelve como una fuerza no traspasable, infranqueable: garantizar abortos en segundo trimestre de gestación. Ocupadas centralmente en acompañar a que las mujeres resuelvan la urgencia del aborto en segundo trimestre, de manera segura, Socorristas en Red (SenR) tiene todavía un camino por recorrer y una política más ofensiva por delinear, marcando los incumplimientos y haciendo conocer lo prescrito y sus alcances, para que sean sancionadas/os quienes no garantizan lo estipulado en normativas vigentes.

No obstante ello, las socorristas no dejan de reconocer que cada vez son más las y los efectores de salud que se van comprometiendo en garantizar derechos a las mujeres y con quienes se pueden proyectar distintas articulaciones como las ILE y la llegada de las mujeres que transitan segundo trimestre a una guardia “amigable”, cuando ellas eligen expulsar en el hospital o porque evalúan que requieren de asistencia. También ayudan a visibilizar que la limitación al acceso directo a la medicación por parte de las y los efectores de salud (ya sea porque no hay suministro por parte de los ministerios o por causas institucionales internas), deja librada a la voluntad individual: a) la confección de las recetas o el reaseguro de la medicación por otra vía y b) el interés por profundizar en su uso:

“(…) tienen la limitación del medicamento, no se animan a hacer la receta, o es muy caro para que la mujer lo vaya a comprar, también las derivan a nuestra línea pública (…)” (GD 1).

“Lo que hablábamos hace un rato de que decían los médicos no saben cómo se usa el misoprostol y les preguntan a las socorristas de los diferentes lugares (…) Tenemos una muy buena relación, pero por el contexto en el que están, muchas veces no pueden hacer todo lo que quisieran hacer y nosotras tampoco”(GD 2).

Las socorristas: “(…) quizás se rompen ciertos límites (…)”

Para las socorristas, los límites no adquieren una fisonomía estática, algunos se van moviendo y/o flexibilizando, en particular el que intenta responder a la pregunta hasta qué semana de gestación se acompaña:

“Y a partir de ese momento (…) dijimos nosotras nos vamos a hacer cargo de esto y cada vez vamos extendiendo más los límites. Vamos a hacer hasta las veinte semanas. Después, hasta las veintiuna. Hasta las veintitrés. Y bueno ya, el último acompañamiento hicimos hasta los veinticinco. Y es como que ahí paramos.” (GD 2).

Estos límites se activan principalmente en relación a dos aspectos que remiten a políticas de cuidado y sólo pasibles de ser reagrupados para el análisis, porque están en constante interacción:

1) Límites que buscan proteger la salud de las mujeres y a la grupa de pertenencia y/o red Socorrista
En ocasiones, la urgencia del aborto en segundo trimestre, irrumpe desempolvando temores ya casi arrinconados por la experticia del hacer socorrista en primer trimestre: la salud de las mujeres y la seguridad de la red, ante la aparición de un cuerpo.

Las socorristas aluden precisamente a estos aspectos no desdeñados a la hora de tomar una decisión, por más apremiante que sea, en estos términos:

“(…) a mí se me planteaba cuál era el límite (…) yo tenía miedos, miedos por lo que le pudiese pasar a la joven y por lo que nos pudiese pasar a nosotras, impactante (…) Miedo a que le fuese mal en el sentido de que quede afectada su salud (…)” (GD 1).

“(…) hay dos cosas, hay otras implicancias legales, porque hay un cuerpo, que no es lo mismo que un par de células o algo que se puede ir por el inodoro, mayor temor porque uno sabe que ciertas complicaciones aumentan un poco (…)” (GD 1).

Estos temores adquieren distintas temperaturas según se trate de socorristas que se ven impelidas por la situación a dar el salto e iniciar el aprendizaje de acompañar en segundo trimestre, ante la imposibilidad subjetiva de negar un acompañamiento de más de 13 semanas, o de socorristas que llevan un tiempo involucradas en el hacer cotidiano de esta experiencia.

El recurrir al sistema de salud para un acompañamiento conjunto, es un acuerdo que se da en algunos contextos, según las articulaciones que se van construyendo y, en ocasiones, de la situación de las socorridas, tanto con referencia a su historia clínica, como a experiencias de abortos anteriores. Cuando es así, la relación con salud se convierte en el lugar para “aliviar” miedos, confiando en que: “(…) el sistema de salud ya se está ocupando y no le va a pasar nada que afecte a su salud, digamos (…)” (GD 1):

“A mí desde lo personal, a mí me da como mucha más tranquilidad acompañar a mujeres que están también acompañadas por el sistema de salud (…) Para mí es una tensa tranquilidad, nosotras en general tratamos de que vayan a… o que lo terminen haciendo en el hospital, cuando empiezan con los… o al principio también hacíamos más eso por una cuestión de seguridad (…)” (GD 1).

El miedo a que haya una afectación en la salud, además, parece intensificarse en contextos más restrictivos, donde la articulación con el ámbito médico se ve dificultada por la consolidación de dinámicas institucionales regresivas. El panorama se agrava ante la negativa de las mujeres a acudir al hospital por miedo a ser denunciadas y/o maltratadas. Es en este sentido, que la socorrista alude a una “tranquilidad tensa”, en la medida en que se abre un espacio de incertidumbre respecto al tipo de trato pasible a recibir por parte de las y los efectores de salud:

“Lo mismo cuando estamos cagadas de espanto porque vayan al hospital, pero no queda otra con que vayan, es afirmarle y reafirmarle que en el hospital no le va a pasar nada y que ella tiene que saber qué tiene que decir (…)” (GD 2).

Por otra parte, en el universo socorrista hay quienes adoptan una posición crítica respecto a no caer en maximizar “variable salud”, en dos sentidos:

En la medida en que, tomar la protección de la salud como excusa, puede estar encubriendo una posición moralista restrictiva de derechos, por más que no sea esta la intencionalidad primigenia. En palabras de ellas:

”(…) es una discusión larga qué política se tiene respecto del aborto, como si es factor salud o factor decisión (…) la variable salud es confusa, es confusa porque puede encubrir una posición moral en contra, pero que no se muera la mujer, o es su cuerpo y decide, en ocho semanas, en diez, en dieciséis o en veinte, obviamente que el riesgo es mayor y que una acompaña tratando de reducir esos riesgos, pero acompaña brindándole el espacio de que la decisión sobre su cuerpo no la va a poner en riesgo, esa sería la combinación, tanto salud como empoderamiento sobre mi futuro, mi maternidad o no maternidad, eso sería como una combinación, que la decisión sobre el propio cuerpo no lleve a un riesgo (…)” (GD 1).

En la medida en que traslada la lógica del parto/embarazo a término, al aborto. Desde esa lógica es que se instalan dos preocupaciones: la salud del feto y la salud de la mujer. En el aborto no sólo desaparece la primera preocupación -salud del feto- sino que también es menor la edad gestacional, aspectos que hacen que el riesgo para la mujer aminore. En este sentido, el límite “salud de las mujeres” no necesariamente se diluye pero podríamos decir que se modera.

Esta disquisición es planteada por las socorristas de la siguiente manera:

“Nos pusimos a pensar que qué diferencia tenía entre un embarazo a término prematuro que un embarazo a término llevado adelante. Y el riesgo lo corre el feto, no la mujer. Y entonces por qué las mujeres que abortaban en esas semanas tenían que pasar un riesgo mayor. Ahí nos dimos cuenta y rompimos con esta lógica. Estábamos enredadas en esta lógica del riesgo para la vida de la mujer. Y no había ningún riesgo. El riesgo era, se ha construido digamos, a partir del riesgo de la vida del feto, obviamente” (GD 2).

2) Límites que aluden a lo vincular: socorristasocorrida y entre socorristas
Los aprendizajes experienciales hablan de que ese encuentro socorristasocorrida no necesariamente es armónico, se abre un espacio en el que se precipitan tanto entendimientos como desencuentros, demandas, conflictos, imposibilidades que se presentifican en forma vertiginosa, por lo que en ocasiones se hace necesario recurrir al establecimiento de algunos límites al menos en cuatro sentidos:

a) Para que el aborto no se transforme en un riesgo y acontezca en forma segura para todas:

“Para mí es parte de entender que las socorristas tenemos límites, que como mujer embarazada, en crisis, tenés que calmarte para poder solucionar esta situación. Porque si una mujer en este estado se hace un aborto, después es todo un desastre. Llama al médico en la primer gota de sangre (…) Como que empezás a aprender también a cuidarte a vos y a decir no me da la cabeza” (GD 2).

“(…) una va aprendiendo con la experiencia del segundo trimestre, que no todas van a ir a la guardia médica, que lo pueden resolver de otra manera, y a partir de eso una también va pensando en estrategias, con ellas (…) lo aprendí en el encuentro con Susan[1], que hay que darle lugar, en la última plenaria que tuvimos, hay que darle lugar a que ellas piensen las estrategias fundamentalmente (…)” (GD 1).

b) Para colaborar en que la mujer asuma que el problema es suyo y favorecer la co-gestión de algún espacio de autonomía que puede otorgar la información:

“Estás con una situación grave, pero la podés resolver, tenés las herramientas para resolverla. Empezá a hacerte cargo de resolverla. ¿No? Tirarle un poco la pelota de vuelta a su cancha y no desesperarse una (…)” (GD 2).

“(…) una le da la información, pero la decisión es de ella (…)” (GD 1).

c) Para clarificar que las socorristas no hacen asistencialismo, que hay demandas que no pueden ni están dispuestas a resolver, que lo que hacen es acompañamiento militante feminista:

“Nosotras no somos el Estado ni una empresa, entonces (…) Como que a veces sí hace falta ponerle un límite a la mujer y decirle “pará, no sos la única que está en esta situación, yo estoy acá para ayudarte pero vos calmate”. Y ese límite hace bien. Hace bien para decir “la solución está a veinticuatro horas, porque mañana nos encontramos a las seis de la tarde y vas a aprender paso a paso cómo resolver esta situación. Vos no querés estar embarazada, no vas a estar embarazada. Querés interrumpir tu embarazo, vas a interrumpir tu embarazo. Pero calmate.” Y ese límite es re importante, es re importante. Porque si uno las cobija tanto a las mujeres, después se desdibuja el límite de quién soy yo como socorrista que acompaña y si soy una amiga, si soy su psicóloga, si soy su madre si es una menor de edad” (GD 2).

d) Para explicitar que abortos en perspectivas feministas implican ponerle límites a los paternalismos del sistema sexo genérico y a la medicina hegemónica, siempre queriendo tutelar a las mujeres:

“O sea, también es importante eso para no caer en esta cosa paternalista, para no caer en esta cosa de subestimarla a la mujer (…) Esto es algo que hacemos sin fin de lucro, es algo que hacemos por activismo. No, no, nadie nos paga por esto. Entonces reconocer también nuestros espacios y nuestros tiempos es mejorar la tarea que hacemos. Porque si atendemos desesperadas a todo el mundo, no vamos a poder atender bien, no vamos a poder dar una respuesta efectiva, si nos desvivimos por todas las mujeres que nos llaman” (GD 2).

Por otra parte, entre las socorristas circulan las experiencias emocionales ancladas en situaciones particulares de acompañamiento, que las interpelan e instan a ir más allá. No es casual que el dispositivo contemple e informe sobre las semanas de gestación, pero no aparece normado para el conjunto, habilitando por tanto un espacio de posibilidades. Ese más allá, implica en algunos casos, flexibilizar acuerdos de tal manera de que lo anterior y lo último puedan tener lugar:

“Bueno, mi límite es tener que decirle a una mujer que la tengo que acompañar a hacer una adopción. Yo eso no lo digo. Vos no acompañaras bolsita negra. Yo no acompaño adopción, no puedo, me hace mal. No puedo decirle a una mujer de nuevo: no podés abortar. Me parece que es muy violento” (GD 2).

Notas:
[1] Refiere a Susan Yanow, de la organización Women Help Women. Invitada a trabajar en un taller sobre aborto en segundo trimestre con medicamentos, durante la reunión plenaria SenR, desarrollada en la ciudad de La Plata, en marzo de 2016.
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