El tercer momento: durante el proceso del aborto

Cómo conciben las mujeres (socorridas) el dispositivo socorrista

“Le decís todo y la mujer te escucha atentamente, pero hasta que no sucede no registra”.

Se ha descrito antes que en los encuentros cara a cara, acontece algo del orden del alivio, la seguridad, la afirmación de la decisión de abortar. Pese al flujo que potencias y apoderamientos que esos encuentros suponen, varias mujeres explicitan que no desaparece el miedo durante el acto concreto del aborto. Los miedos que testimonian hacen referencia a distintas cuestiones: a morirse, a que las pastillas no hagan efecto, a que en los hospitales se den cuenta que usaron medicación y las denuncien, a que las parejas se enteren, etc. Es que el bombardeo de las pedagogías anti-aborto, cargadas de imágenes de muerte y criminalización, cala hondo en las subjetividades y no se puede desmontar fácilmente. Las socorridas refieren a esas sensaciones; parece pertinente suponer que entre el decir y la vivencia concreta y corporal del aborto aparecen distancias:

“¿Sabés todo lo que pensé? Pensé hasta que me podía morir (…) antes de tomarme las pastillas, porque ya me había ido en sangre la anterior vez (…) Tenía miedo, porque no sabía lo que me podía pasar” (A-1, 27 años, 18 semanas de gestación).

“Yo esto nunca lo había hecho, tenía mucho miedo realmente. Porque digo ¿qué hago? Ya estaba grande y si bien yo no lo quería, tenía mucho miedo y para mí era algo ¡horrible ¿no?! Creo que para toda mujer es algo feo, es doloroso. Tenía miedo a que me fallaran las pastillas. Las tomé con un poco de desconfianza porque no sabía si me iban a funcionar o no. Aparte no las conocía a ustedes” (A-6, 21 años, 14 semanas de gestación).

“En el momentito que me las tomé obviamente que tenía miedo, tenía ¡miles de miedos! Además, no solamente que el bebé ya estaba grande, tenía muchos miedos de decir ¡ayy no, si me muero! y si esto y si lo otro y si quedo mal y mirá si me agarro una hemorragia y después me tienen que (…) miles de cosas se me cruzaron por la cabeza. Bueno tomé eso, me sentí súper acompañada porque es más me iban a ver y qué se yo y bueno, me acuerdo de la primer dosis que me dio mucho frío sí, me dio sueño -me acuerdo” (A-8, 29 años, 22 semanas de gestación).

“Mi miedo era que me vuelva a pasar lo que me había pasado en la primera vez y como que cuando me bajó, me bajó casi nada (…) entonces como que mi miedo era más todavía, ¿viste? Como que estar pensando (…) que no, que devuelta me va a pasar lo mismo, y que no va a resultar y que al final voy a tener que tener… y todas esas cosas que uno se atormenta con eso y nada, como que después de ahí empecé con contracciones, contracciones (…) pero a eso de las 6 de la mañana (…) seguía en la calle, de ahí, de la calle entré para el hospital (…)” (B-1, 24 años, 18 semanas de gestación).

“Yo no sé si el líquido lo largué de a poco, sino que empezó a aparecer la cabecita, ¡bah! yo en ese momento decía: ¡¿qué es esto?! (…) Y empecé a hace fuerza hasta que ya salió, en un momento como la parte más gruesa de la cabeza salió y ya ahí todo cayó como más rápido, ahí yo ya estaba en el bidet, con un trapo abajo del bidet. Y vi ¡fue un bebé!, porque no tenía formación de cara pero vi las manitos, vi las patitas, vi todo. De hecho vi una manito haciendo como chau; bueno, volveré en otra forma, seré alguien que venga después -digamos-, no ese que se fue. Bueno ahí llamamos a F. [refiere a la socorrista]” (C-2, 26 años, 23 semanas de gestación).

Un paréntesis en relación a este aspecto vinculado a las distancias entre el decir y la vivencia concreta, se conforma como un saber de las propias activistas feministas, quienes lejos están de simplificar y despojar de conflictos a la relación de las abortantes y ese proceso particular que significa el aborto con medicamentos en embarazos avanzados:

“(…) el momento de la expulsión de la chica fue muy fuerte, y las palabras que ella le puso a cuando compartió que había expulsado, pasados diez minutos dijo: creo que expulsé un órgano (…)” (GD 1).

“Y de hecho pensaba en cuando vos decías: bueno, vos le vas a decir lo que va a ver, lo que va a expulsar, todo lo que va a pasar. Pero también nos pasa mucho en segundo trimestre que vos le decís todo y la mujer te escucha atentamente, pero hasta que no sucede no registra. No es lo mismo que alguien te diga: puede pasar que quedes con el feto colgando a tener un feto colgando” (GD 2).

“(…) Nos ha pasado de mujeres que tienen el feto colgando digamos y tienen que esperar, se angustian mucho, la pasan muy mal. Y decirles: esperá, va a salir solo, y la mujer llorando” (GD 2).

Volviendo al momento clave relacionado con la expulsión (aspecto éste que se amplía en el apartado “Aprender de la decisión de abortar en el segundo trimestre de gestación”), también es importante señalar que otras mujeres refieren, para su propia sorpresa, que encuentran menos complicaciones de las esperadas y trasuntan tranquilidad y certezas en lo que corresponde hacer en ese momento. En general son testimonios que dan cuenta de la rapidez del proceso. Así lo manifiestan:

“En el momento ese me sentí angustiada. Nunca me imaginé que era tan, tan fácil. A mí no me resultó complicado. Sí hay que aguantarse muchos dolores; pero no fue complicado. Cuando me tomé las dos agarré y lo que hice fue cocinar. Es como que les dejé todo preparado a mis nenes. Porque yo ya me esperaba que iba a caer en el hospital” (A-7, 26 años, 16 semanas de gestación).

“También soy una persona fuerte. Así que tampoco fue traumático para mí todo lo que fue el parto. Y no fue doloroso prácticamente, sentí obviamente las contracciones, las fui llevando (…) Sí yo tengo un baño sólo mío en mi habitación, era temprano a la madrugada, mis hijos no estaban despiertos así que yo estaba tranquila. Lo despedí en mi casa. Controlé la placenta. Esperé la placenta, tardó bastante en bajar. Controlé la placenta que estuviera toda entera. (…) Esperé un tiempo más y ya después me vestí como para ir al médico. Fui a la clínica” (C-1, 41 años, 16 semanas de gestación).

“(…) las chicas me explicaron bien qué era lo que me iba a pasar y todo, me sentí segura. Aparte, tampoco no tuve… como que no sufrí taanto, no me sentí tan mal, digamos, en ese momento en cuanto a los dolores y todo eso. Fue muy rápido, todo muy rápido fue. En menos de veinte minutos yo… ya se me habían pasado todos los dolores, ya había expulsado, ya estaba normal. No sé, fue muy rápido, muy rápido” (D-2, 25 años, 20 semanas de gestación).

Otro aspecto a destacar es que las feministas socorristas que acompañan abortos en segundo trimestre de gestación están preparadas para indicar caminos a seguir, colaborando en prefigurar las alternativas posibles durante el uso de la medicación y el desenlace del aborto, de manera que se puedan sortear los obstáculos que surjan, buscan transmitir tranquilidad en el devenir de ese proceso:

“Pero ahí me sentí haciéndolo en mi lugar. O sea, yo estando en mi espacio. Con el segundo empecé a sentir escalofrío y mucho frío. No podía controlar mi cuerpo de las ganas de temblar. Después ya en el tercer paso tenía dolor un dolor de ovarios pero muy fuerte. En el cuarto paso empecé a tener fiebre. Fue largo y antes de irme al hospital me tomé la última y eso me ayudó más” (A-2, 18 años, 23 semanas de gestación).

“Ellas me pidieron que tratara de estar tranquila, porque si estaba nerviosa era peor, porque podía hacer un efecto contrario. Y que no pensara tanto, que leyera un libro, que escuchara música, lo que sea. Así que justo en ese momento yo me había comprado un libro que me gustaba mucho, así que yo me tomé las pastillas y me acosté a leer” (A-12, 18 años, entre 14 y 15 semanas de gestación).

“Yo lo pasé y la tuve a ella [refiere a la socorrista] conmigo todo el tiempo desde que empecé hasta que terminé, hablándonos por teléfono. Fue lindo, o sea a pesar de que son momentos medios difíciles, que por ahí uno tiene que pasar en la vida y tomar decisiones difíciles (…)” (A-9, 31 años, 14 semanas de gestación).

“Usé un balde como me habían dicho y una bolsa. Nada más. Al lado del inodoro. Sí y bueno ahí fui, me dolía muchísimo, muchísimo, muchísimo, entonces como que hice como fuerza y empecé a expulsar. Pero eran impresionantes los dolores. Me acuerdo que le dije que era como que me salía una bolsita. Entonces yo le decía: es como que tengo un globo, ¿lo reviento? y ella me decía: no, no, no, dejalo. Tranquila. Tranquilízate. Y me dice: intentá hacer fuerza. Me dolía mucho, mucho. Intenté hacer fuerza y expulsé todo. Todo, todo, automáticamente” (A-13, 23 años, 21 semanas de gestación).

“(…) llamé a B. [refiere a la socorrista] me dice: bueno esperá un ratito y esperé y expulsé, lo que sí me pasó fue que como se ve que tenía, estaba bastante formado, la llamé preocupadísima [se ríe], ¿qué hago? Porque me quedaba como colgando ¿viste?” (A-15, 26 años, entre 14 y 15 semanas de gestación).

Las socorristas saben que en segundo trimestre avanzado lo que se expulsa cobra otro sentido y materialidad. Importa — y mucho- preparar a quienes estarán abortando y/o a quienes las acompañarán para ese momento. Así aparecen reflexiones del tipo:

“(…) hay otras implicancias legales, porque hay un cuerpo, que no es lo mismo que un par de células o algo que se puede ir por el inodoro, mayor temor porque uno sabe que ciertas complicaciones aumentan un poco (…) Yo creo que son legales y emocionales de la mujer frente a lo que va a expulsar, hay en el imaginario, era mi imaginario incluso siendo médica, que cuando pensaba en aborto pensaba en que en realidad era sangre y coágulos nada más, no había podido dimensionar todo lo demás” (GD 1).

“(…) es como que pesaría menos, o es como que es menos subjetivo acompañar un embarazo en donde es un coágulo lo que expulsas, el saco gestacional es un coágulo, a que ya tenga definiciones morfológicas digamos que tengan que ver con una figura humana. Y que se asemeja mucho a todo el bombardeo que hay de imágenes. Y sobre todo por los tamaños y un montón de cosas. Para ser sincera, es como que también hay mucho temor” (GD 2).

“Sí, es totalmente diferente. Desde la perspectiva de ellas que lo están viviendo y para nosotras también. No es lo mismo lo que tienen que ver, lo que tienen que hacerse. Sienten un riesgo de persecución policial, persecución en el hospital, la familia. Siempre flashean, aunque estén en el primer trimestre, siempre flashean con que va a caer el helicóptero de la policía en el jardín. Pero en segundo trimestre es un riesgo que lo ven muchísimo más cercano. O sea, tengo que ir al hospital y tengo que mentir y decir. Y fantasean con muchas cosas” (GD 2).

“(…) una compañera nos planteó que no digamos qué tenían que hacer con el feto, que no les digamos como veníamos haciendo. Sino que les preguntemos ¿y qué se te ocurre a vos que podrías hacer con el feto? Y que ellas digan y que nosotras guiemos ese decir. A nosotras todavía no nos salió porque cuando les preguntamos qué se te ocurre, las ideas son riesgosas, no tienen en cuenta nada (…) Lo tiraría a la basura. Ah ¿y vos tenés basurero con canastito? No. ¿Y si lo agarra un perro? Ah, no sé entonces. Está como eso que terminás diciéndole igual qué hacer con el feto. Y es todo un tema. Y después no te hacen caso, después hacen lo que quieren con el feto” (GD 2).

En la vivencia de las socorristas el hacer amerita poder dar respuestas que atiendan las contingencias, sin desconocer los propios temores que se presentifican:

“El otro día acompañé a una chica de veinticuatro semanas que lo expulsó en la casa, llamó a la ambulancia, porque… una estrategia que nos estamos dando es que las mujeres llamen a la ambulancia para que la ambulancia retire todo y ellas no tengan que andar, qué sé yo, deshaciéndose del feto (…) yo le dije: bueno, tirale un toallón arriba hasta que venga la ambulancia y no veas nada” (GD 1).

“Como puntualizar aprendizajes procedimentales o prácticas que nos damos maña. Están lo de las bolsas, lo de cómo deshacerse del feto son de las ingenierías más variadas. Porque un montón de mujeres no lo pueden ir a entregar, entonces nosotras ya últimamente les preguntamos si por su casa pasa el basurero. Y si pasa siempre en el mismo horario. Entonces que prepare la bolsita y que lo meta adentro de la bolsa de basura, y que dentro de la misma bolsa que vaya y se la entregue al basurero: te estás olvidando de esta bolsa y que se fije que la tiren adentro del camión. O sea que la saque en el momento que va a salir el basurero. Que la controle y lo tiran adentro del camión de basura y ahí ya fue. Ya es imposible de identificar nada digamos” (GD 2).

“O sea querían re-vincularla con el feto. Y lo que hicimos nosotras, una fuga planeada del hospital. O sea, fui yo a la madrugada a buscarla. C. [refiere a una médica amigable] estaba de guardia. La sacamos, hicimos cuatro transbordos así de taxi, plata y que se vaya (…) Porque fue una fuga y después nos andaban buscando a nosotras, nos presionaban las trabajadoras sociales porque sabían que nosotras la conocíamos a la chica. En realidad ni la conocíamos. La acompañamos en esa situación. (…)” (GD 2).

Para finalizar este segmento, destacar que las narrativas de las socorristas todo el tiempo van dando cuenta que no hay modos únicos ni estancos en este hacer, asentadas en premisas de cuidados feministas, hay lugar para ensayar consejos oportunos:

“El tema de que en determinadas situaciones sí o sí tiene que ir a la guardia médica porque su compañero no sabe, entonces es importante que resuelva en el hospital y bueno, y lo tiene que hacer así, y no hay otra manera de resolverlo (…) es una práctica feminista de cuidado” (GD 2).

“También sabemos que si hay una mujer que se hace atender ahí y se va a provocar un aborto, que está bueno que vaya ahí porque ya tiene su historia clínica y entonces si tiene obra social y vive en Córdoba, que vaya al hospital Español que ahí no tienen ninguna aparatología” (GD 2).

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