Aborto: una experiencia colectiva
O cómo conciben las socorristas los acompañamientos en el segundo trimestre
No es sólo una cuestión relativa a la apariencia de quien se nos revela presente.
Se trata sobre todo, de dar paso a una presencia porque hay allí una existencia. Skliar, Carlos (2011)
Las activistas feministas que acompañan abortos en segundo trimestre (no todas en la las colectivas de Socorristas en Red lo hacen) dejan entrever que deciden acompañar, por un lado, porque en determinados momentos se topan y enfrentan con la emergencia de consultas y pedidos de auxilio por parte de mujeres que sostienen que “lo van a hacer igual con o sin ellas” (con o sin socorristas). Y entonces, el dilema radicaría en si acompañarlas o abandonarlas. En ese dilema, en líneas generales construyeron y tomaron la decisión de acompañar. Como escribe la profesora y activista feminista Andrea González (2015), “el aborto irrumpe en la vida de las mujeres; sacude y hasta podríamos decir nos golpea la vida, nos invade. Se trata de una intromisión que trastoca las fibras por las que transcurre cada uno de nuestros itinerarios corporales[1], que nos deja perplejas pero a la vez nos impele a la acción”[2].
Y por otro lado, porque saben que otras socorristas lo han hecho y lo van a seguir haciendo; saber de la experiencia construida en la red nacional les genera confianzas que se expanden a partir de cada situación concreta. Esto no significa que desaparezcan los temores como ya se explicitó en el apartado anterior, lo que significa es que se consolida la definición política de no correrle el cuerpo a acompañar esos abortos. Así, lo colectivo, la organización, la experticia construida, el ir y venir de llamadas y de e-mails, los protocolos disponibles, los saberes que circulan y ese sinfín de entramados, resultan sostenedores de esa decisión: acompañar a abortar con medicamentos en el segundo trimestre de embarazo.
Los sentires y significados se entrecruzan con los de las socorridas: seguridad, contención y tranquilidad. La seguridad aparece como fuerza que reconfigura -en las narrativas de las activistas- un universo simbólico que se alza contra el individualismo. La grupalidad de una red que sostiene, empuja y estira los posibles:
“Me parece que más allá de los aprendizajes y todo lo que una toma de la red, porque es real que también nos animamos a ir haciendo esto porque hay una red que sostiene y que acompaña. Yo me siento muy segura” (GD 2).
“Yo estaba en contacto a la vez con R. y con B. [nombra a dos socorristas de La Revuelta], por cualquier cosa siempre tengo como alguien de referencia, eso me pone más tranquila y me deja más tranquila en el momento de acompañar” (GD 1).
“Yo me sentía como muy contenida en esto de la red. Nosotras somos relativamente nuevas. Ahora se han sumado muchas más grupas, más nuevas inclusive. Pero siempre en alguna duda sabíamos que mandábamos un mail a alguna compañera, llamaba. Eso siempre ha estado. Entonces en ese sentido yo me sentía re segura. Sabía que cualquier cosa, en cualquier momento, había toda una red, no sólo mis compañeras, sino además toda una red de contención como para solventar cualquier duda” (GD 2).
“Me comuniqué con las chicas de La Mestiza, me dieron toda la información. Con la mano temblando porque decía ¿lo estaré haciendo bien? ¿Me estaré comiendo alguna información?” (GD 2).
La práctica social de acompañar bajo premisas de cuidados feministas incluye casi de manera rotunda el saberse acompañadas por otras. Saber que otras están. El verbo estar funcionaría en este hacer activista como acción sustantiva. Otra vez, socorristas y socorridas significando similarmente. ¿Qué es lo que se encuentra en la red que hace sentido y potencia? Un modo creativo, rebeldías comunes, una comunidad de intereses y apuestas por humanizar la práctica humana de acompañar a abortar y de activar. Se sumaría al verbo estar, el verbo acompañar, y la acción de acompañarse:
“Es parte de esos acompañamientos que también tenemos las socorristas, porque las socorristas acompañamos a otras mujeres y nos acompañamos nosotras, el contacto que por ejemplo de Córdoba hacemos muchas veces con las compañeras de Neuquén, ante alguna situación complicada (…)” (GD 1).
“Lo que yo tomo es la consulta a la red nacional, digamos, cuando nosotras empezamos a hacer acompañamientos en Paraná las compañeras de Neuquén venían hace varios meses de acompañamiento y otras compañeras venían de antes (…)” (GD 1).
“(…) Entonces busqué ayuda de mis compañeras de La Revuelta. Y bueno, el primer acompañamiento fue asistido y acompañado por las compañeras que tenían más experiencia” (GD 2).
Ese acompañarse, se expande y bifurca en diversas direcciones, formas y estilos. Lo político inscribe un modo de relación pedagógica:
“Nosotras al principio, dormíamos juntas, las dos que acompañábamos el día que estábamos acompañando, sea una o la otra” (GD 2).
“La estrategia que nos fuimos dando al principio, digamos, y casi todo ese año que siguió, es que cuando nos tocaban mujeres que estaban en el segundo trimestre avanzado, a partir de dieciséis, diecisiete, qué sé yo, acompañábamos en conjunto, o sea, además de tener el acompañamiento de la red (…) yo y mi compañera socorrista nos juntábamos en una casa y estábamos juntas al lado del teléfono, íbamos pensando estrategias en conjunto” (GD 1).
“(…) Y viene luego, que ya aprendíamos, sobre lo que había trabajado A. [refiere a una socorrista de su colectiva] sola, nos paramos nosotras sobre esa experiencia y seguimos adelante. Sobre este segundo trimestre que se presentó, todas nos sentimos capacitadas. Si lo acompañaron A. y V. [refiere a dos socorristas de su colectiva], es nuestra experiencia. Es de la grupa” (GD 2).
En el modo de hacer, se piensa y se narra la experiencia de acompañamiento aludiendo a pasajes temporales: al principio es una marca del lenguaje que se usó en reiteradas oportunidades. Eso va dejando paso a otro registro en la medida que se gana en experiencia, es de suponer que más acompañamientos permiten confirmar y re-estructurar aprendizajes, la dimensión cuantitativa cobra sentido para darle nuevas coloraciones a la necesidad de compañías en este hacer:
“Ya hemos acompañado varias mujeres en segundo trimestre, entonces es como que estamos más (…) está más aceitada entre nosotras la cuestión, pero sí al principio fue un poco complicado (…)” (GD 1).
“Al principio más que nada los acompañamientos de segundo trimestre me generaban como mucho más contacto con mis compañeras que ya venían acompañando hace mucho. Ante cualquier duda, al toque llamarlas. Y ahora últimamente quizás no (…)” (GD 2).
Otro aspecto en estos itinerarios de acompañar abortos en segundo trimestre, vinculado a lo que el movimiento socorrista pone a disposición, se relaciona con la idea de tramitar lo traumático. Trae al escenario, temáticas relacionadas con las escuchas que se posibilitan, ahora no ya para escuchar a quienes abortan, sino a quienes acompañan:
“Mucho reunirnos para hablar y bueno, y comentar lo que nos pasa, creo que incluso hoy se da acá [refiere al desarrollo grupo focal], es como que cada pregunta implicaba hacer el relato de cada una de nuestras situaciones, porque estamos todo el tiempo ligando eso traumático, porque lo es ¿no? Entonces necesitamos contar todos los detalles, todo lo hacemos mucho en grupo por suerte, y se hace en la red, y estamos todo el tiempo tramitando, ayudándonos a tramitar esto, creo, entre nosotras y en la grupa y en toda la red” (GD 1).
Resulta menester destacar que como toda relación humana no está exenta de conflictos. Conflictos que ponen en tensión debates realizados, seguridades construidas, definiciones alcanzadas. En SenR no se condiciona a las colectivas a que acompañen abortos en segundo trimestre. Más bien se va colectivizando y socializando un andar que arma posibilidades. Esto parece ser una marca de origen del surgimiento de la propia red como tal. Al interno de cada colectiva esta marca está vigente. Acompañan en segundo trimestre las que se sienten listas para hacerlo y en ese hacer acontecen definiciones también. Al respecto se acercan extensas y riquísimas textualidades de las activistas que revelan momentos claves:
“En nuestro caso, también bueno, fue porque de repente cayó una chica con diecinueve semanas y dijimos qué hacemos. Pero nosotras antes de empezar a recibir chicas en la consejería tuvimos un tiempo, como cuatro meses en los que nos capacitamos nosotras solas. Entonces en un principio yo había dicho: no, yo no acompaño ni ILE ni segundo trimestre pero porque realmente no puedo ir a pasar todo un día en el hospital. Y llegó el caso y mis otras compañeras se quedaron como un poco congeladas de: ¡uy llegó el día, ¿qué hacemos?! No, no estamos capacitadas, derivemos a La Mestiza. Fue lo primero que surgió. Y yo estaba y dije: no, no, lo voy a agarrar yo. Dicen: ¿pero vos cuándo vas a hacerlo? No, lo agarro yo, invento, me hago la enferma, hago un certificado para el trabajo, lo que sea” (GD 2).
“Nos encontramos para aconsejarle lo que podía hacer. Y la asesoramos en adopción. Le dijimos si vos lo querés hacer es riesgo tuyo, pero nosotras no podemos acompañarte en el proceso, también porque sabíamos qué implicaba acompañarla al hospital y un montón de cosas. Y el proceso de adopción fue una tortura para ella. No se volvió a presentar la situación como para ver qué es lo que pasaba. Pero después de eso dijimos que tal vez ahora haríamos otra cosa, tal vez ahora la acompañaríamos en ese aborto. Era tan difícil decirle te vamos a acompañar en el proceso de adopción, que cuando volvimos a hablar con nuestras compañeras les dijimos bueno, así como ustedes no quieren acompañar porque el límite de ustedes es, y así lo dicen ellas: mi límite es la bolsita negra, yo llego hasta que se va por el inodoro, mi límite es la bolsita negra. Bueno, mi límite es tener que decirle a una mujer que la tengo que acompañar a hacer una adopción. Yo eso no lo digo. Vos no acompañaras bolsita negra. Yo no acompaño adopción, no puedo, me hace mal. No puedo decirle a una mujer de nuevo no podés abortar. Me parece que es muy violento” (GD 2).
Hay lugar para la singularidad se explicitaba en el segmento “Dadoras de una solución posible y continente”. Hay en este movimiento un intento político deliberado por prefigurar modos de actuación móviles, flexibles y contingentes con las socorridas. ¿Ese intento se traslada y autoriza -con características específicas- hacia adentro de las colectivas y entre las feministas socorristas de la red? ¿Qué es lo común que crea la red y qué espacios habilita para el desarrollo de las potencialidades y deseos particularísimos de las activistas que la construyen?
“El segundo trimestre ha implicado precisamente sentir la potencia de la red, del apoyo entre nosotras, y descubrir que el resto de la red tiene ese mismo nivel de compromiso de poner el cuerpo a la situación (…)” (GD 1).
No hay respuestas únicas. Hay pistas y sentidos sobre los que seguir reflexionando, se expusieron algunos de ellos a partir de ciertos recortes e intencionalidades. Andrea Pérez, egresada de la Universidad Nacional de Buenos Aires, médica generalista, territorial, devenida en socorrista, afirma: “la única transformación verdadera no surgirá nunca del sistema médico, sino de las poblaciones recuperando el control sobre sus cuerpos, arrebatándole ese poder que les sustrajo la hegemonía médica”. Recuperar el control sobre los cuerpos, de eso se trata también. El aborto como acontecimiento ético. Las prácticas socorristas como actos políticos en los que se engarzan poderíos, cuerpos, agenciamientos, compañías, conflictos, decisiones, vidas, dolores, relacionamientos situados.
Notas:
[1] Esta categoría permite, según María Luz Esteban, abordar la experiencia corporal y social tomando a las personas como agentes de su propia vida y no exclusivamente como víctimas de un sistema de género y de una cultura que hace del cuerpo un terreno privilegiado para la subordinación social (2004:10).
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