“Quería y a la vez no quería”
Sobre la decisión de abortar en el segundo trimestre.

En el conjunto de entrevistas elaboradas para esta investigación encontramos que algunas de las mujeres atraviesan momentos sumamente conflictivos y tardan más que otras en afirmarse en la decisión de abortar. En estos casos, se trata de decisiones que surgen y se sostienen luego de atravesar múltiples vicisitudes que las hacen vacilar y que las involucran a ellas y también a las personas que las rodean. Algunas de ellas experimentan serias contradicciones en el plano ético y moral con respecto al aborto. Otras mujeres esperan con la expectativa de que los problemas de pareja se resuelvan o toman tiempo para evaluar si la pareja asumirá las responsabilidades asociadas a un rol paterno. Algunas entrevistadas deben atravesar miedos relacionados con los posibles riesgos de realizar un aborto en el segundo trimestre y algunas otras deben enfrentarse a profundas ambivalencias y dudas con respecto a la posibilidad futura de ser madres.
Se trata en estos casos de narraciones atravesadas por intensos momentos de confusión y parálisis que retrasan la decisión mientras el embarazo continúa avanzando. En una parte de los casos, las mujeres cuentan con personas cercanas (madres, padres, amigos/as, parejas, entre otros/as) que las acompañan, las ayudan a sortear las contradicciones y a sostener el propio deseo. En otros casos, la decisión se complica aún más cuando están rodeadas de personas que fomentan el miedo y la culpa, las agreden o las dejan solas en esta situación.
El fuerte contexto histórico de esestigmatización y criminalización social del aborto hace que algunas mujeres experimenten intensas contradicciones de tipo moral y ético que dificultan y retrasan la decisión:
“A lo primero me costaba mucho asimilarlo. Yo pensaba: ¿cómo voy a hacer esto? Es una vida humana también. No tiene la culpa. Y a la vez también pensaba ¿cómo lo voy a traer sabiendo que no tengo nada para darle? Sabiendo que lo voy a traer solamente para hacerlo sufrir, para pasar miseria en realidad” (A-12, 18 años, entre 14 y 15 semanas de gestación).
Otras mujeres dilatan la decisión de abortar a la espera de que se aclaren conflictos en la relación de pareja. En estos casos ellas condicionan la posibilidad de ser madres a contar con el acompañamiento y el apoyo del varón que participó de la concepción. Desde que conocen el embarazo y lo comentan con sus parejas, a su manera ellas evalúan su relación de pareja y la actitud del varón:
“Y bueno, decidí eso porque él no apareció en todo el viernes, no apareció en todo el sábado y no apareció en todo el domingo. Apareció recién el día lunes. Dije: ya está”(A-16, 32 años, 23 semanas de gestación).
Algunas mujeres experimentan formas de ambivalencia y confusión cuando desean tener un/a hijo/a, pero las circunstancias (económicas, de la pareja) cambian súbitamente. Una mujer –quien vive en un barrio periférico de Neuquén y es madre de 4 hijos/as– narra que hubiera continuado el embarazo si no fuera porque se encontró ante la novedad de que su marido había sido despedido de su trabajo:
“Y él se quedó sin trabajo y yo sin trabajo y la verdad que no, fue re-deprimente para nosotros que él se quedara sin trabajo, muy mal, muy tristes los dos (…) Así que bueno, ahí dije no (…) no tengo ninguna entrada económica y eso me llevó a hacer el último aborto, porque si no lo hubiera tenido, hubiera seguido” (A-1, 27 años, 18 semanas de gestación).
En algunos casos, como el de A-1, hay un deseo de tener un/a hijo/a que entra en contradicción con las circunstancias que rodean el embarazo. La nueva y precaria situación económica que enfrentan A-1 y su pareja ocasionan retrasos en la decisión que ella misma explica:
“Demoré en llamar, no usé muy bien el tiempo (…) no, no llamé enseguida, porque como te digo estaba en el momento que era más sí, seguirlo, que no. Y no, empezaron a pasar los días y no, no, no, no (…) empecé a sentir que no. Ya viví una situación así con mis hijos, de no tener, de rebuscártela con la comida y todo… y es muy triste [se angustia, llora, le damos un vaso de agua y un pañuelo descartable, se repone y sigue hablando]. Perdón [se disculpa]. Tenía cinco meses ya”. (A-1, 27 años, 18 semanas de gestación).
Como A-1, otra entrevistada deseaba tener un/a hijo/a pero luego las circunstancias hacen que decida abortar. A-4 había planificado tener un/a hijo/a con su pareja y por eso había dejado de utilizar pastillas anticonceptivas. En su relato se expresan ejemplarmente los estados de intensa confusión que enfrentan algunas mujeres que abortan en el segundo trimestre. A-4 es creyente y deseaba tener un/a hijo/a pero la novedad del embarazo profundiza los conflictos de la pareja y las situaciones de violencia que ella padecía de parte de su novio. Como resultado de esta situación, ella experimenta el proceso de decidir abortar como enormes contradicciones que retrasan su decisión:
“Siempre tuve esta contradicción en realidad, en todo el embarazo, quería y a la vez no quería, quería hacerlo y no quería hacerlo, sentía que esto me iba a venir bien [tener un/a hijo/a] (…) era algo que yo sentía, que era algo mío y yo iba a tener el cargo de conciencia (…) De hacerlo, de abortarlo, yo le decía a mi mamá: no lo puedo matar, es mi hijo, pero mi mamá me decía: pero tampoco puede venir a sufrir. Y también lo pensás por ese lado, va a ser para que sufra” (A-4, 22 años, 18 semanas de gestación).
Sometida a graves situaciones de violencia psicológica por parte de su pareja, A-4 lidia además con al menos con tres horizontes de conflicto al mismo tiempo: con el deseo que había proyectado de tener un/a hijo/a (“sentía que esto me iba a venir bien (…) era algo que yo sentía, que era algo mío”), con la carga moral y religiosa que la arrastra a considerar que abortar sería “matar” a su “hijo”, y con la idea (apoyada por su madre) de que ser madre en este momento traería sufrimiento para ese futuro hijo/a. Panoramas complejos como este no son la excepción cuando se trata de abortos en el segundo trimestre. En estas situaciones de tanta exigencia social y subjetiva no es extraño que algunas mujeres demoren más que otras en decidir la interrupción de un embarazo.
0 comentarios