“Nunca tuve ningún tipo de dudas”

Sobre la decisión de abortar en el segundo trimestre.

“Nunca tuve ningún tipo de dudas”. Ilustración: Fernanda Carrizo.

La decisión de abortar en segundo trimestre es un proceso complejo que se narra en las entrevistas. En algunos casos observamos que la decisión es inmediata, firme y ocurre apenas las mujeres se enteran del embarazo. En estos casos, aun con la decisión tomada rápidamente, las mujeres muchas veces confirman el embarazo tardíamente por distintos motivos y enfrentan luego múltiples obstáculos en el acceso al aborto que retrasan su efectuación. En otros casos, sobre los que nos explayaremos en el próximo apartado, la decisión de abortar es un proceso arduo y embrollado que puede llevar tiempo. De manera que, comprender que no todos los procesos en los que se decide interrumpir un embarazo son iguales ni toman la misma cantidad de tiempo es un factor crucial para entender cabalmente los abortos en el segundo trimestre.

Las entrevistas permiten afirmar que mujeres de distintas edades y procedencias sociales, ante la certeza de que están embarazadas, expresan formas extremas de determinación orientadas a abortar:

“No tengo ganas de tener otro hijo. ¡No lo siento…! Tener otro hijo” (A-5, 37 años, 14 semanas y media de gestación).

“Yo creo que en el fondo ya estaba negada desde antes, desde nunca decir ay, ¡qué lindo! Ponele, nunca pensé en ir a comprarle ropita ni nada de eso (…)” (A-10, 35 años, 22 semanas de gestación).

“Yo estaba segura que no lo iba a tener”(A-11, 21 años, 20 semanas de gestación).

“Desde antes cuando compré el evatest, siempre supe [que no quería tener un/a hijo/a], nunca tuve ningún tipo de dudas” (A-14, 24 años, 16 semanas de gestación).

“Cuando yo me enteré yo ya sabía digamos lo que quería, entonces como que no (…) fue decir sé que estoy pero no me va a pasar nada porque no lo voy a tener” (A-15, 26 años, entre 14 y 15 semanas de gestación).

En algunos casos, como los citados anteriormente, las mujeres expresan la firme decisión de abortar, incluso a sabiendas de que cursan el segundo trimestre de embarazo. El deseo y la necesidad de no tener un/a hijo/a en algunos relatos es tan fuerte que llama a considerar la profunda necesidad de proveer servicios de aborto seguro en el segundo trimestre de embarazo:

“Después cuando yo me entero que estoy embarazada y no quería saber ¡nada! (…) ¡Yo en realidad estaba cegada! Estaba dispuesta a todo (…) le doy gracias a dios porque yo creo que si no hubiese encontrado a Frida [la socorrista], yo estaba segura de que tenerlo no lo iba a tener, alguna cagada me iba a mandar (…) vi perejil, vi caños, lo que sea, yo me iba a hacer cualquier cosa (…) en ese momento estaba decidida a todo” (C-3, 37 años, 20 semanas de gestación).

Algunas mujeres, como C-3, desean tan intensamente no continuar con el embarazo que intentarán interrumpirlo por cualquier medio, incluso poniendo en riesgo su integridad (“[e]staba dispuesta a todo”, “alguna cagada me iba a mandar”). De relatos como el de C-3 se sigue que sea oportuno y necesario proveer servicios de aborto en segundo trimestre para proteger la salud y la vida de las mujeres que se encuentran determinadas a abortar en estas situaciones de extrema vulnerabilidad corporal y subjetiva.

Entre quienes expresan decisiones firmes, hay mujeres que en sus narraciones articulan muy clara y racionalmente los motivos por los cuales decidieron abortar, poniéndose en el centro de un proyecto personal. Especialmente las más jóvenes, que no tienen hijas/os y que se encuentran cursando estudios expresan motivos relacionados con su proyecto de vida:

“Yo tomé la decisión ésta para poder seguir estudiando. Ahora tengo que emprender mis estudios otra vez; ya me inscribí en la universidad”. (A-2, 18 años, 23 semanas de gestación).

“Mi mayor deseo, hoy está enfocado en recibirme, es la única meta que tengo. Yo pensé en mí. Y en la decisión que yo creía que estaba bien”. (A-13, 23 años, 21 semanas de gestación).

En otros casos, también de mujeres jóvenes sin hijos/as, los proyectos personales se combinan con horizontes de expectativas que a veces incluyen a sus parejas:

“(…) me pasaba de todo, yo no quería, no quería ser mamá porque el sentido que somos chicos, queremos, estamos por construir una casa con Daniel, y un montón de cosas (…) qué sé yo, yo pienso que el año que viene quiero estudiar” (A-3, 19 años, 14 semanas de gestación).

“Bueno, nuestros objetivos eran yo poder seguir capacitándome en mi profesión que me gusta, y por ahí tener otras cosas, comodidades que uno por ahí se propone, si puedo hacerlo las quiero tener, y cuando nos enteramos fue como que ninguno de los dos, fue como decir no lo queremos ahora” (A-15, 26 años, entre 14 y 15 semanas de gestación).

La relación con los varones que participaron de la concepción y la situación específica de ellos muy frecuentemente forma parte de lo que las mujeres consideran a la hora de decidir abortar:

“(…) yo no quería, con una separación o con una persona al lado que estaba enferma, que tampoco me podía acompañar [ex pareja estuvo internada en un neuropsiquiátrico después de un intento de suicidio]”. (C-1, 41 años, 16 semanas de gestación).

“(…) decidí abortarlo porque aparte en ese momento yo a mi pareja ya no la tenía acá, ya se había ido…” (B-1, 24 años, 18 semanas de gestación).

En ocasiones, las mujeres buscan y obtienen la compañía del varón en la decisión de abortar y en otras ocasiones prefieren no dar aviso ni requerir de la compañía de ellos. Lo que se hace evidente en las entrevistas es que cuando ellas están decididas, el acuerdo y acompañamiento del varón no parece tener mayor importancia:

“Entonces vine y le dije a Manuel: Yo lo pensé bien y no quiero. Si vos querés o no, no es mi problema. Si no lo aceptás te vas (…) Y en mi cuerpo mando yo, no mandás vos. Porque la que pasa las consecuencias soy yo, no vos. Entonces él me dice: ¡Ay! Entonces ¿qué hago? Está en vos la decisión si seguís conmigo o no” (C-3, 37 años, 20 semanas de gestación).

“Y no, él no quería [optar por un aborto]. Al principio no quería y bueno, después pasaron los días y yo le dije y bueno, que si él no me acompañaba yo lo iba a hacer sola” (D-2, 25 años, 20 semanas de gestación).

Otro de los argumentos claramente expresados que aparecen muy frecuentemente en las entrevistas de manera articulada es el que toma en consideración las cuestiones económicas y la imposibilidad de asumir la carga de trabajo de cuidado que implica la crianza de un/a hijo/a:

“(…) estar embarazada era traer a otra persona… a un bebé que no lo iba a poder mantener yo tampoco… en ese momento, como te digo, no estaba trabajando” (B-1, 24 años, 18 semanas de gestación).

“(…) yo ya estaba decidida, o sea, la decisión la quería tomar y era ésta, la de abortar, no me veía y no me veo en condiciones de traer a alguien al mundo y cuidarlo y darle las cosas que merece” (C-2, 26 años, 23 semanas de gestación).

Las entrevistas en su conjunto indican que tanto las mujeres que ya tienen hijos/as como las que no los/as tienen, evalúan su situación económica y social a la hora de decidir sobre la continuidad del embarazo. Incluso en los casos en que las decisiones son muy apasionadas y expeditivas, las mujeres realizan una evaluación de su situación, de sus posibilidades actuales de criar un/a hijo/a y de brindarle el sostén económico y social necesario:

“No quiero tener este bebé, ¡no puedo tenerlo! no puedo de ninguna manera. Tengo que mudarme, no sé dónde voy a vivir, no tengo un laburo estable, estoy laburando por hora. ¡Está todo mal!” (A-8, 29 años, 22 semanas de gestación).

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