“Él nunca se cuidaba”
Sobre la decisión de abortar en el segundo trimestre.

La lectura transversal de las entrevistas muestra que la decisión de interrumpir un embarazo no está desligada de la vida sexual de las mujeres ni de las relaciones en que se dan los encuentros sexuales que llevaron al embarazo. Si hablamos de aborto, y específicamente de aborto en el segundo trimestre de embarazo, es necesario hablar de la vida sexual, de sus placeres, de sus olvidos, de las fallas que pueden ocurrir en el uso de métodos anticonceptivos y también de las relaciones de poder que se juegan en los encuentros sexuales.[1]
Las mujeres no siempre desean mantener prácticas anticonceptivas. Es el caso de dos mujeres jóvenes que cuentan en sus entrevistas que los embarazos que abortaron provenían de relaciones en las que no habían usado métodos anticonceptivos:
“En una de esas relaciones que tenemos nos descuidamos, o sea, nos cuidamos tarde” (C-2, 26 años, 23 semanas de gestación).
“Me confié en que se me había ido [la menstruación] entonces digo no, pensé (se ríe) que no iba a quedar embarazada…”(A-10, 35 años, 22 semanas de gestación).
No usar métodos anticonceptivos no equivale a desear tener hijas/os sino que responde, según las entrevistas, a situaciones de experimentación sexual o, también, a momentos personales o de la pareja en los cuales la práctica anticonceptiva puede interrumpirse por diferentes razones. Por ejemplo, es el caso de una mujer que abandona la práctica anticonceptiva porque la pareja se encuentra en un impasse pero vuelven a tener relaciones sexuales ocasionalmente y ella queda embarazada. También registramos al menos tres casos (A-1, A-4 y A-16) en los cuales las mujeres quieren tener un hijo/a pero luego — por distintos motivos relacionados con cambios en sus condiciones de vida y en sus relaciones de pareja- deciden interrumpir el embarazo.
En otros casos, los embarazos provienen del uso de prácticas poco confiables para su prevención, como el método del ritmo y el coito interrumpido:
“(…) nosotros nos cuidábamos: o él terminaba afuera o yo me cuidaba con los días. (…) Y bueno, yo saqué mal las cuentas y bueno quedé embarazada”(C-3, 37 años, 20 semanas de gestación).
Entre las mujeres entrevistadas que sí utilizaron métodos anticonceptivos, al menos 4 de ellas refieren haber quedado embarazadas por olvidos en la toma de pastillas anticonceptivas:
“(…) en ese mes hice un descontrol de las pastillas anticonceptivas, hice un descontrol (…) tomé dos o tres juntas en una semana” (A-3, 19 años, 14 semanas de gestación).
“(…) me estaba cuidando con pastillas anticonceptivas y me pasó que me olvidé dos o tres días” (D-2, 25 años, 20 semanas de gestación).
“Fue una vuelta que no tomé la pastilla y ahí quedé embarazada” (A-5, 37 años, 14 semanas y media de gestación).
“Tomaba pastillas anticonceptivas. A mí me fallaron. Bah, porque yo me olvidé una y me tomé dos al otro día”(A-7, 26 años, 16 semanas de gestación).
La píldora anticonceptiva es un método cuya efectividad depende exclusivamente del esmero y la dedicación de la mujer que debe estar alerta para recordar la toma. En esta práctica los olvidos y descuidos por distintas razones pueden ocurrir.
Una mujer que vive en un barrio periférico de Neuquén comenta:
“(…) me quedé embarazada porque no me puse la inyección en fecha” y luego explica las dificultades que tuvo para acercarse a tiempo a la “salita” donde le aplicaban la anticoncepción hormonal inyectable (A-1, 27 años, 18 semanas de gestación).
En este caso las exigencias de la vida diaria de una mujer de escasos recursos hacen que ella deba posponer la aplicación del método anticonceptivo y, luego, quede embarazada.
Otras mujeres refieren fallas en el método anticonceptivo, como por ejemplo, que se rompa el preservativo, y/o utilizar la anticoncepción de emergencia y que ésta no tenga el efecto deseado:
“Yo dije bueno está todo bien listo, me tomé la pastilla, y no pasó nada, y ese mes justamente no me vino entonces dije ¿¡uy! que pasó acá? Porque me había tomado la pastilla del día después entonces ¡imposible!” (A-15, 26 años, entre 14 y 15 semanas de gestación).
“(…) las compré [se refiere a la anticoncepción de emergencia] y como que estaba en el día, por decirlo así, de la relación que yo había tenido… me lo tomé, todo, pero no sé qué pasó, no me habrá hecho efecto, no sé (…)” (B-1, 24 años, 18 semanas de gestación).
Resulta evidente en las entrevistas que las mujeres a veces no usan métodos anticonceptivos y a veces estos fallan, ocasionando embarazos. Pero hasta aquí hemos dejado fuera de consideración a los varones. Las entrevistadas hablan de ellos, de sus actitudes hacia la anticoncepción y de su participación en relaciones sexuales que dan lugar a embarazos que luego terminan en abortos.
Hablan frecuentemente de varones que se niegan a involucrarse en prácticas anticonceptivas, que colocan la responsabilidad de la anticoncepción en la mujer y que desean embarazar a su pareja sin tener en cuenta los deseos de ella:
“(…) él no quería cuidarse. No; porque él como que, a él le encantaba todo el tiempo que yo me quedara embarazada. [Él] [n]unca se cuidaba. Nunca” (A-13, 23 años, 21 semanas de gestación).
“(…) me hubiese podido cuidar, sí, pero… pero yo también yo le decía que si yo me cuidaba, él también tenía que cuidarse, y que no, y que yo no me voy a cuidar, y cuidate vos, entonces siempre estábamos en la lucha de que si pasaba iba a ser mi responsabilidad” (D-1, 24 años, 17 semanas de gestación).
En algunos casos, como el citado en último lugar, la anticoncepción es un campo de “lucha”. ¿Quién debe “cuidarse” y quién es “responsable” por los embarazos? ¿Quién decide cuándo tener relaciones sin protección anticonceptiva? Lo que cuenta D-1 nos confronta con una organización tradicional de los géneros en la cual las mujeres deben ejercer la sexualidad con responsabilidad y cuidado, mientras que los varones pueden aprovechar para sí ese trabajo hecho por otras o simplemente ignorarlo imponiendo su deseo.
Hablamos de relaciones de poder y de lucha que se dan en la intimidad de las relaciones sexuales, por ejemplo cuando una mujer insiste a su pareja para que se involucre en prácticas anticonceptivas al tiempo que él se niega:
“Cuando nosotros estuvimos juntos, en realidad él nunca se cuidaba, yo siempre le decía: cuidate, cuidate, y no, nunca se cuidaba. Porque decía que lo disfrutaba mas así, qué sé yo, aparte porque él, según él estaba re-enamorado de mí, quería formar una familia conmigo y yo le decía: Vos estás loco, yo no (se ríe) yo hijos todavía no”(A-10, 35 años, 22 semanas de gestación).
En una parte importante de los relatos el varón impone su deseo sexual y decide sobre la ausencia de cuidado anticonceptivo. Se trata de luchas que se dan, literalmente, en el cuerpo a cuerpo del encuentro sexual y que tienen distintos grados de intensidad. Algunos varones se niegan a utilizar preservativo, otros imponen prácticas inseguras como el coito interrumpido, otros no avisan a la mujer que el preservativo se rompe y, por lo tanto, la privan de la oportunidad de tomar la anticoncepción de emergencia. También hay quienes no toman en cuenta de ningún modo el consentimiento a la hora de mantener relaciones sexuales y violan a su pareja.
La lectura de las entrevistas realizadas nos muestra que es necesario pensar situadamente acerca de los abortos en el segundo trimestre. Esto es, no considerar esos abortos como hechos separados de la enorme complejidad involucrada en las relaciones y la vida sexual humana. La pasión, el placer, los olvidos, las fallas técnicas y también las desiguales relaciones de poder entre los géneros y las violaciones dan lugar a embarazos que no querrán ser continuados por las mujeres que los gestan. Algunas de ellas, por distintos motivos que iremos desarrollando en este texto, necesitarán acceder al aborto en el segundo trimestre de embarazo.
Notas:
[1]Orienta nuestra lectura analítica en esta sección, las elaboraciones del capítulo “Cuidarse/Sucede” del libro La intemperie y lo intempestivo. Experiencias del aborto voluntario en el relato de mujeres y varones (Chaneton y Vacarezza, Ed. Marea, 2011).
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